jueves, junio 09, 2011

CRISTINAYSUPROGRAMA: OTOÑO.a).

CRISTINAYSUPROGRAMA: OTOÑO.a).



No sé si hacer un programa sobre el pasado, o sobre los pasados, o quizás sea la posibilidad de un programa irreal que quiero volver real, que quiero escuchar, que quiero decir, que quiero hacer...


¿Y si, hacemos un programa sobre el tiempo?

Digo, yo de este lado de su parlante, frente al micrófono y ustedes en otros lados, acostados en la cama, apenas en compañía de la luz del velador, o con la cabeza apoyada contra el vidrio en un colectivo volviendo de la facultad con hambre, o llegando tarde a una cita pero caminando lo suficientemente lento como para terminar de escuchar mis primeras palabras, o abrazada a una taza de té sentada en el sillón frente a la ventana con las piernas arriba de la mesa y tapada con una frazada casi lista para pasar el rato o en el peor de los casos perderte en lo que suena en tus oídos y amanecer mañana con la nariz un poco tapada, resfrío de otoño, sensación de enfermarse para dejarse cuidar

¿Y si hacemos un programa sobre el pesado paso del tiempo?

No, Está bien.

Tengo que hacerlo sobre un festín, sobre (re)cuerdos (re)unidos.
Festín de recuerdos reunidos.

Un programa para recordar, un programa para la historia, un programa haciendo historia, un programa contra la historia, un programa para el recuerdo, un programa contra un recuerdo particular…

El de hoy va a ser un programa de reencuentros, un programa de búsquedas, un programa de desencuentros, un programa aleatorio y camaleónico, un programa categórico, un programa polaroid condimentado con azar, un programa de amor, un programa de risas tiznadas por dolor, un programa de lágrimas firmadas por llanto. Un programa que resuene por todas las paredes de la casa. Un programa para el aire, un programa desde el aire, un programa en el aire, ahí siempre, a 5 cm del suelo.


Un programa de Buenos Aires. Un programa para la histeria.

Ya sé…

Tengo una idea, hagamos esto. Levantemos vuelo con esta canción para entra en clima y después, después que el viento nos lleve, pero primero…

Entre tejer una historia lineal y adiestrada desde el vamos, idea naciente, iluminada como rayo de sol y traída, transcripta en palabras por el mismo sol, o deshacernos del telar para consumar una historia a la luz de la vela, soltando la intuición, muchas veces sin comas, muchas otras tantas sin puntos, desvariando la acentuación quiero dejar presente que…

-¿Algo te entró en el ojo…- me dijo mirándome, y nada sentí yo que acaso fuese a hacerme daño, estábamos tan cerca. Fijó una vez más sus ojos en mí, como al principio y lo único que sentí fue el pétalo de sal esperanto, (lo que espera) para rodar por mi piel con el único fin de perderse entre sus dedos, “el deseo siempre excede al sujeto”, más bien cae en él o lo sumerge, estaba en la ventana y escuché tu respiración -…o me vas a decir que estuviste llorando?-

El Otoño. Otoño. Deshojado. Deshora. Las hojas. Las hojas mueren. Caen. Las hojas caen. La vida se tiñe de amarillo. El sol. Es tiempo de recolectar el maíz, el girasol. Gira el sol y el aceite, Sutra de girasol. Buenos Aires de Otoño. El Otoño se huele, se respira, se dejar ver en la caída de las hojas, casi muertas, que se quiebran en su aleatorio suicido envueltas en el viento masturbatorio hasta llegar al suelo y embelezarlo con su amarillo ocre. El Otoño entra seco y fresco en la nariz. El Otoño te corta los ojos. El Otoño te desviste y te obliga a buscar calor, a jugar con fuego. Él, Otoño. Él, Otoño, desnudo y seco ahí, en el rincón de una cama, con las sábanas al otro lado del desierto próximo a helarse. Él, Otoño, traerá los Crisantemos, se empantanará entre los Cipreses teñidos de rojo. Él, Otoño, intentará tejerse en impulsos latentes de licor venéreo para llegar al oto lado, jugará a cruzarlo todo, a atravesarlo para taparse otra vez, sobrevolará cuerpos cansados con ojos muertos por no saber mirar y simplemente haberse negado a ver, nadará entre acaudaladas piernas hasta encontrar un panal donde volver a beber el té de las mil flores, la miel del fuego para no dejarse morir a la vera de las bocas del invierno.

Buenas noches, esto es Cuadernos del Puerto...

Reflexiones: Demadrugadasaoscuras. Vol. 2‏

Seguramente quien lo escribió, lo hizo con marcador indeleble verde de trazo grueso con punta chata porque fue así como le enseñaron a rotular, quizás en una escuela técnica o bien en alguna materia terciaria o universitaria relacionada al diseño, o simplemente compró el marcador en un kiosco, pero sin ningún tipo de duda pertenece al grupúsculo, (que en lo particular empiezo a comprobar cada vez que es mayor), de gente a la que las clases de caligrafía sólo consiguieron perturbar en el dibujo, el dibujo de sus letras al punto que convirtiese el gozoso e irremplazable acto de escribir a mano en una eterna y perpetua clase libre de dibujo.

Y es que la verdad es que yo nunca pude sostener los garabatos y la forma de las letras igual y con la misma cadencia por más de una palabra, independientemente si fuese imprenta o cursiva, o mayúscula, o minúscula; de hecho ni siquiera escribiendo a máquina o en computadora puedo tener una escritura pareja.

Escribo por corrientes respiratorias. No es que inhalo, proceso y al exhalar escribo hasta que el aire se acaba, pero más o menos, que se yo, hay momentos en los que el aire salió por completo de adentro mío y las frases o las palabras no dieron lo suficiente y entonces o sigo intentando sacar aire de donde no tengo o inhalo, pero que se yo, no estaba hablando de mí ahora. Estaba hablando sobre el cuaderno que encontré en el baúl. Vuelvo…

Yo supe de alguien que escribía. Escribía mucho. Todo el tiempo. Escribía en cantidades industriales. Alguien que se cansaba de llenar cuadernos. Decía que de todos modos le gustaba leer, y mucho, pero que más le gustaba releer, ir y volver, releer, como recomenzar. Quizás tenga que ver con estar atado al pasado eterno en el que fue leído aquello que se está releyendo y a lo que se quiere volver. Es tan mágico eso. Uno vuelve a leer muchas veces para volver a buscar esas sensaciones que quedaron ahí entre las hojas, los olores de las manos transpiradas en el colectivo cuando estabas por bajarte en la parada que seguía y justo que lo que estabas leyendo se estaba poniendo bueno y entonces el frenesí de leerlo lo suficientemente rápido como para no cerrar el libro y entonces subir y bajar la mirada casi sin pestañear para no perderse nada, ¿cuánto falta?, bajar la mirada otra vez y buscar las últimas palabras que estábamos leyendo, el dedo señala flores abiertas sin importar cuánto tiempo sea lo que dure, pero eso ya lo leíste y el colectivo avanza y te tenés que bajar pero levantás la vista y ves que el colectivo parece haber retrocedido unos veinte metros, entonces bajás la mirada otra vez y está al final de la página marcado con lápiz en el márgen, sin la nostalgia de la memoria… y cuando das vuelta la página te das cuenta que habías terminado el capítulo y cerrás el libro con el lapiz dentro como señalador, pedís permiso y te bajás con la velocidad suficiente para llegar a tu casa y seguir leyendo, pero con la tranquilidad que pudiste llegar con la lectura a tiempo.

Pero yo estaba hablando de alguien a quien le gustaban los libros. Es más cuando le preguntaban si le gustaba leer, decía que sí, pero antes de cerrar la idea, o dar lugar a una repregunta, automáticamente disparaba sin pudor que le gustaba mucho más escribir. Vértigo. Sensación de hojas en blanco como cantidades industriales de agua esperando para caer del trampolín hacia la pileta inundándola y empapando al náufrago, sumergiéndolo en su nuevo naufragio. –Escribo para dejar de escribir…– esa era su carta de presentación cuando alguien le preguntaba si le gustaba escribir… –Es que escribir para dejar de escribir no significa que sufra al escribir, no al contrario. Disfruto de escribir, me gusta escribir y es por eso que cuando me paso un tiempo determinado sin escribir, me siento raro, hasta nostálgico te diría… Nostálgico en algún punto y melancólico también. En serio, anhelo la sensación que sentí al haber escrito algo. –


Hubo un libro que le cambió la vida (y a mí también). Era de madrugada y el día de su cumpleaños recién estaba izándose, faltaba más o menos una hora cuando sonó el timbre de la casa en la que se crío. Por esos tiempos aún vivía con su hermana, el gato y los dos perros en la casa que se crió. Sus padres ya se habían ido cada uno por su lado y en distintas direcciones. Su hermana abrió la puerta y se presentó. – Adelante, qué tal, mucho gusto, mirá está durmiendo en su pieza, pero subí que no hay ningún problema. La puerta de madera con vidrios a la derecha, subís la escalera caracol y por ahí hasta el fondo. Fijate que quizás esté la puerta cerrada pero abrí sin miedo. Bah, que boluda, ya sabrás que hacer…–


Estado de ensoñación. Movimiento ocular rápido y mientras dormía a la espera de su cumpleaños murmuraba… Ese soy yo contra las cuerdas. Ese soy yo en el punto de mira. Perdiendo mi religión. Intentando seguir contigo y no sé si podré lograrlo. Oh no, he dicho demasiado y no he dicho lo suficiente. Creí oírte reír, creí oírte cantar, creo que me pareció haberte visto probarlo. Cada murmullo. De cada hora en vela escogiendo mis confesiones, intentando no perderte de vista como un tonto herido, perdido y ciego. Oh no, he dicho demasiado.* Hay veces en las que los susurros cuando uno duerme están tan empastados que no se entiende nada, y por suerte la música que suena en la cabeza de uno cuando se está dormido no sale. Orejas hacia adentro. Boca hacia fuera. Ésta fue una de esas veces en las que la canción del sueño se termina por la mitad cuando un ruido exterior se cuela, enmascaramiento. Ruido de fondo en la escalera que se acrecentaba cada vez más. Puerta corrediza abierta. Pasos detrás de la puerta. Abrió los ojos cuando detrás de si abrieron la puerta. –Hola mi amor! Me dijo tu hermana que estabas durmiendo. Ya sé que falta un rato pero la verdad es que quería venir a estar un rato con vos antes…– dijo mientras descolgaba su bolso verde por encima del cuello para sacarse la bufanda primero y después el saco, para después volver a colgar todo en la silla en el orden inverso. Perfecto. Todo parecía indicar que nada de lo sucedido párpados adentro había sonado hacia fuera del anfiteatro de su cabeza. Todo estaba bien. Su pareja abrió la puerta un segundo antes de que abriese los ojos por lo que nada de todo lo soñado pudo haber sido oído, aunque hubiese sonado por el equipo de música y a todo volumen. Acostados los dos en cucharita, de espaldas a la pared y mirando la puerta dejaron pasar el tiempo, esperaban que las agujas cruzasen las 23:59, para que a partir de las 00:00hs todo cambiase para siempre. 23:59:24 se oían arañazos, forcejeos, era el gato, Viento que no quería perdérsela y se hizo presente. –Quedate en la cama amor yo le abro. Vení Viento…– 23:59:32 la puerta se abre y Viento entra de un salto pero se queda debajo de la silla frotándose contra el tapado, no es boludo esconde el cuerpo pero deja la cabecita afuera, no quiere perderse nada, 23:59:39 y desde la cama se escucha…– Vení amor, acostate acá conmigo, dale un ratito más total no va a llamar nadie, ya le dije a mi hermana que si llama alguien diga que estoy durmiendo además de la familia no creo que llame nadie hasta después de la 01:10 hora en la que nací – 23:59:53 – Ahora voy, esperame que me parece que me olvidé las llaves de casa…– 23:59:58… 23:59:59… 00:00hs Mano en el bolso –Feliz cumpleaños…– se escucha el grito de su hermana desde abajo. –Acá está amor tomá para vos, feliz cumpleaños…– Un paquete forrado con papel de regalo de libros, como el empapelado para las piezas de nenes chiquitos que simula ser una biblioteca. – ¿Qué es?– pregunta sin obtener respuesta mientras rompe el papel y adentro hay una caja de un portarretratos… – ¿Una foto de nosotros dos? ¿Cuál?– Sostiene la caja con la mano izquierda contra el muslo de la pierna derecha. Intenta abrirlo con la mano derecha pero no quiere romper la caja. Se sienta en la cama. Apoya los pies en el piso y acuesta la caja sobre las dos piernas mientras su amor lo mira de rodillas desde el piso esperando verle la cara para capturar ese preciso instante en el que el regalo le despierte una sensación desconocida hasta el momento. Apoya la palma de su mano izquierda en la caja y con el pulgar de la mano derecha consigue abrir la caja. Mete la mano y saca un libro de tapas rígidas. Desórbita y desconcierto. Palabras recortadas y pegadas como un collage decoran el libro. Lo abre. Primera página en blanco, segunda página en blanco, tercera página se da cuenta que está al revés. Cierra el libro y lo da vuelta. Lo abre otra vez primera página en blanco, saltea la segunda página y en la tercera lee su nombre. Sigue ojeando sin pestañear y con la respiración contenida, las piernas no le responden, el funcionamiento de su cuerpo está en piloto automático, todos en la habitación miran cómo recibe su regalo, nadie quiere perderse cualquier gesto, sonido o movimiento que pueda llegar a hacer en efecto al regalo. Abre una página al hacer y al ver que no están enumeradas empieza a leer palabras que le resultan familiares, cambia de página otra vez…en la profundidad del sueño… Cierra el libro, lo deja en la cama y dice –Amor son mis palabras, es un libro con mis palabras, me hiciste un libro. – El aire se torna tenso. –Sí, lo hice para vos…–

La cuestión es la siguiente: acababan de cumplirle el sueño secreto de toda una vida si siquiera haberlo pensado en voz alta. Hasta ese momento nunca había pensado en la posibilidad de sentirse como una persona nacida para escribir. Solo se consideraba alguien que escribía. El libro estaba impreso en papel fotográfico. Alguien había conseguido comprender en ese instante que los poemas o las sensaciones son como fotografías, que la realidad es una secuencia de fotogramas. Fue a partir de ese momento algunas cosas cambiaron para siempre para quien recibió semejante regalo, como también cambiaron para mí…


Hacía algún tiempo en un taller literario al que no fui más que algunos meses, porque, dicho por voz de quien lo dictaba, –seguir viniendo te va a cortar las alas. Escribí, vos dedicate a escribir. Con lapicera, con lápiz, con marcadores, con crayón. Vos escribí. Escribí en las paredes, en las hojas de carpeta, en los volantes que de tan en la calle, en los márgenes de los libros, de los diarios. Si ves que no podés volar volvé y vemos si tirándote desde este primer piso conseguís volar… – aprendí lo que era un haiku: Poema de tres versos, dividido en 5, 7 y 5 moras o sílabas de origen japonés, pero no fue hasta dar con ese libro que entendí el sentido del haiku: Poema de tres versos, dividido en 5, 7 y 5 moras o sílabas de origen japonés que cargado de simpleza, en sus orígenes estaba ligado a las estaciones de la naturaleza pero que con el correr del tiempo se ha hecho permeable también a la pictorización de situaciones o sensaciones en algunos casos epifánicas. Desde ese entonces yo juego a construir haikus,como fotografías capturadas por mí en el lenguaje con el único fin de darme el gusto de poder unirlo todo desde mí, como un rayo...

*R.E.M-Losing My Religion.

viernes, junio 03, 2011

aqui lo que faltaba Mr... Golem Gutierrez, una vez leído esto, desaparecerá esta irrupción literaria otra vez hasta nuevo aviso

Entró a escena desde la pared, todavía puedo verla. Chuva cruza delante de mí entre las sombras del bar, de izquierda a derecha y la sala a orillas del escenario iluminado por luces amarillas que le dan de frente en la cara, no puedo verle los ojos, porque se toca la cara descorriéndose el pelo que le tapa los ojos y no la deja mirar. Acomoda el flequillo con el dedo índice de su mano derecha. Ella no puede verme y yo sólo veo la forma de su cuerpo como una sombra en el espacio que desde mi mesa es más que voluptuosa y sensual, más que un cuerpo de mujer dibujado en trazos gruesos con finura y delicadeza, más que un cuerpo que salido de la pared. Al caminar inventa su forma de andar, sus piernas cada vez más largas buscan quién sabe qué o a quién. Así estaba yo, sentado a la derecha de un salón vacío en su inmensa oscuridad. Pero es que si, siempre pasa cuando uno llega un rato antes a ciertos lugares, quizás por angustia oral, por querer estar a tiempo, o por miedo a llegar tarde, que finalmente se llega hasta demasiado antes, y ahí se ve el lugar, vacío y desnudo, como si en esos momentos uno se diese cuenta que todo se arma y se desarma, todo se construye, como en los estudios de televisión, en los libros impresos en papel de fotografía, y también en la vida misma…

…léase, quizás mal y pronto el amor, el amor lleno, ese que hasta puede tener mariposas en la panza, porque sí, las larvas finalmente se terminan la transformación y ya no más como orugas han cambiado y deciden finalmente salir a volar, y eso es lo que hay, lo que se siente, cosquillas, cosquilleo en la panza, aleteos de mariposas; alguien dijo una vez algo sobre las mariposas y la teoría del caos, el aleteo de una mariposa puede generar un tsunami al otro lado de la tierra, bien dicho, en este caso es dentro del cuerpo de uno, el cuerpo de uno también se transforma, de deforma, en un amor amorfo y anacrónico, amor libre de todo interés, y es en esta zaga de experiencias y experimentaciones que uno empieza a elaborar una propia mitología; Pensar también en que dentro de uno, en la panza puede haber insectos, como mariposas aún en nombre del amor, a mi, no voy a negarlo me genera cierta repulsión, no sé si la náusea, pero al menos algo. Algunos tienen la suerte de elaborar una propia mitología, como por ejemplo construir metáforas conjuntas que se refieran a los dos, y así inaugurar un lugar en la eternidad, un espacio tiempo en el cual el imaginario y la eternidad valen y allí dentro, en su jardín vale todo, vale darse lugar a las cursilerías sin importar a los ojos de, o contra quienes se está en ese momento, vale anidar futuros recuerdos, y sí digo anidar, por aquella sensación de volar, digo anida; <<¿Por qué nido?>> me preguntó un Jazmínvioleta; porque ese todo se vuelve un lecho, un nido y eso es la sensación, el que no importa contra quién, sino que es por uno, por los dos, por lo que se ha podido forjar desde cada uno, nido como casa, como hogar, como alguien que está en tránsito perpetuo, yendo y viniendo, volando y yendo, huyendo y volviendo, siempre de paso, “por qué dicen que me voy si siempre estoy volviendo”, nido, lecho, lecho de cristal, lecho tibio, nido de amor, nido de amar, panal, panal de miel, panal de leche, panal de carne, panal de amor, panal de ardores, panal donde siempre se espera entre otras cosas poder robar un color. Me gusta robar colores incluso a los Fantasmas. Si ya se, ahora me van a decir que los fantasmas no tiene colores, que claro, que cómo mierda vana a tener colores los fantasmas, que son fantasmas y que los fantasmas no tienen color ni colores, son incoloros, porque son invisibles, y así todo antes de terminar de decirlo ya saldrán diciendo que los fantasmas no existen. Bien. Mis Fantasmas, se escriben con mayúscula, sí, F mayúscula, Fantasmas, y como son mis Fantasmas, existen y por lo tanto son coloridos y tienen colores, así lo digo como para empezar…

…Fantasmas, si, Fantasmas, y qué Fantasmas, Fantasmas de una mitología propia, porque si, una mitología es eso, un conjunto de mitos dentro de una cultura común o el estudio de ciertos mitos, y mis Fantasmas, estos Fantasmas, Fantasmas con mayúscula son eso, son parte de mi mitología, Fantasmas; A veces uno se siente parte de un todo y dentro de ese todo hay algunas personas con las que uno siente que se tienen la capacidad de poder elaborar junto con uno determinadas sensaciones y/o sentimientos encontrados que resultarán ser originales o no, (serán originales en tanto y en cuanto cada cual y cada uno y a un momento determinado) porque hay algo que los despierta, algo frente al letargo diario o nocturno que los hace necesarios para y respecto del otro y por eso se los necesita, incluso después se llegará a decir que nada hubiera o hubiese sido posible si ellos…

… y Pedro se levantó del cementerio de libros a medio leer, considerado por muchos, incluso por el mismo, como el mayor desertor de libros de toda su histeria y alrededores. ¿Por qué? Fácil. El juntaba libros para cuando viniese “la mala”. La sensación de terminar la búsqueda de un libro, tras haberlo encontrado era el orgasmo propiamente dicho, mucho más que la lectura victoriosa desde la tapa hasta llegar a la fecha de impresión, la mayoría de las veces en la última página. Las novelas eran su gran deuda. Siempre se autoproclamó poeta, le daba miedo decirse y sentirse escritor, pero ante los ojos de las mujeres, siempre era escritor, ¿Iban a reírse de él si se decía poeta? No, más bien sentía que todavía el nombre le quedaba grande, que lo bueno estaba al caer, siempre a punto de empezar el mejor poema, siempre construyendo para su vida, su propia gran novela, y él, su propio gran poema.

…-Ey! ¿No ves que el invierno está curándote la piel?- suspiré antes de verme frente al espejo. Quería lavarme la cara para saber si todavía estaba vivo. Dudaba de todo lo que pasó dentro del baño.. ¿Creer en los ángeles? ¿Y si los ángeles no fuesen todos como lo de Las alas del deseo? Sensación de oscuridad. A veces pienso en que hay ángeles de colores. Yo soy Pedro. ¿Por qué Pedro? Porque soy Pedro, Pedro Miller. Pedrito Miller. Yo Pedrito Miller finalmente me levanté del cementerio de libros abiertos por la mitad, revueltos siempre a punto de despegar, cercanos a aterrizar, o náufragos en la lectura que sólo duró en impulso de querer hacerlo. Me gusta dejar los libros por la mitad. Me gusta tener los libros en la biblioteca, es cierto, y poder buscarlos en los estantes correspondientes, pero me gusta más quedarme dormido, libro en mano, y dejarlo caer delante de mí, o al costado de la cama, precipicio suicida a un costado de la cama hasta reventarse contra la alfombra o bien alguno de todos los otros especimenes de de cosas que rodean el lugar donde mi cuerpo elige dejar de soñar despierto para parpadear dormido. Es que en cierta medida quedan ahí porque yo pude llegar hasta ahí. Me enamoro más de la búsqueda que del encuentro en sí. Porque entre tantas noches sin terminar, tanta niebla en una densidad inestable finalmente me desperté…

…y con un beso que desarticuló cualquier tipo de abstracción de la cual hubiese podido estar colgado. Es que sí, qué más felicidad que la sorpresa de algo tan epifánico y carnoso que un beso. Y aquí va la foto. Sentados en el sillón simplemente nos mirábamos de reojo, los dos sabíamos nada de todo lo que pasaba estaba mal, al contrario, las manos buscaban tocarse por el simple hecho de poder pasarlo bien. Me agarró la mano con ganas de no soltarme delante de todos, de todos esos que estaban ahí y no encontré a nadie que pudiese estar viéndome, no, nadie. Nadie de todos los que fueron conmigo estaban ahí por suerte, nadie tenía los ojos listos para vernos, y aunque lo hubiesen hecho, no habrían visto nada, nada más que cómo nos dábamos todo, palmo a palmo, hicimos un trato, una promesa, sellamos la palabra que antecede al silencio, jugamos a probar, lo sé, la calma que antecede a la tormenta. –Quiero decirte algo –me dijo sin mirarme, esperando que yo preguntase qué para así verse obligada a levantar la mirada, su mirada perdida, la mirada perdida en esos ojos de lluvia que precisamente hacían todo lo imposible para no verme, estaba tan claro todo, tal vez demasiado claro en un rincón vacío, inundado de humo y calor, decidida a no dejar de hablar y a no venderse en gestos a no ser desbordada por eso que nos tenía sentados a los dos ahí, abrió su mano izquierda para mí, primero en el aire y…

Aquí en nuestro panal.

Tus piernas largas traslucen el camino y yo creo en tu imaginación a orillas de tu habitación, estás descalza. Me lees unos poemas que me escribiste vos y te gustan tanto. Aclaro. Me gusta cuando me lees en voz alta como si fueras masticando y construyendo el cuerpo del poema con los colores de tu voz, como cantando. Bailás cada palabra y das lugar a la lluvia para tocarme la cara y mojarte conmigo en esta pieza de luz a oscuras. Siento tus rodillas caerse con todo tu peso sobre mí...

/y sé que revolcados los dos vamos a derramar la leche buena, piel con piel, mojados los dos en esta pieza de luz a oscuras. Nudo de cuerpos tibios que no dudan en jugar sin importar si dan lugar a la tormenta. Sirven siervos los dos a la fiebre del amor, sin miedo a caer en preguntas que sólo se responden en silencio. Somos dos mitades buscando todo el tiempo una nueva forma, atravesados por el hilo de una historia siempre a punto de estallar, inundándolo todo con fotos y silencios entrecortados por espasmos silenciosos y temblores, y niebla. Noches largas. Largas como casi mil días sin amanecer al sol/

... y entrecortando las palabras del poema contra mis labios encendés un fósforo en la oscuridad para mirarme a los ojos y decirme que soy yo tu talismán, y que querés hacerlo todo otra vez aquí en nuestro panal.

…y ella con total destreza no hizo más que taparme la boca con sus dedo índice de arriba hacia abajo tocándome con la yema de sus dedos sellándome en un silencio instantáneamente eterno en su profanidad y como tal tan atroz que no hizo más que hacerme entender que nada debía ser dicho por mi voz, que hacía rato nada de todo esto debía ser dicho por mí, sino más bien dejarme sorprender por ella… y así empezó a deletrear su nombre en la palma de mi mano izquierda con su pulgar derecho de manera constante, siempre a la misma velocidad, no pude dejar de pensar si acaso no fuera un mantra, si no estaría regalándome algo que quizás más adelante fuese yo a entender y debiera ser tomado como punto de partida, haciéndome para ella en una especie de ritual para conservarme con ella y para ella por siempre, o haber escrito su nombre en mi piel con su propia piel, escondiendo con la yemas de la luz sobre mi piel como trazos de papel en horas previas al amanecer…

…hubiese sido imposible no prometerle nada a Chuva en una situación como esa, qué mierda. –Vení acercate, no tengas miedo que no te voy a comer todavía, quizás te muerda... y si te lo hago te prometo no hacerte doler, no me digas que pensarme sobre vos mordisqueándote no te importa, no te genera nada. Pensalo así- me dijo – ver como los ojos de lluvia se derraman sobre vos mordisqueándote, pasándote la lengua, eso es impagable para cualquier mortal, pero vos… vos podés hacerlo conmigo- ¿Cuándo? Le pregunté con esa velocidad que me caracteriza, no por ser una persona veloz sino porque el cinismo se me escapó de la boca, me estaba tratando de cagón y la verdad que no me gusta que me metan el dedo en el culo…

…Chuva susurró junto a mi boca y me pidió que por favor la rescatase de toda esa mierda en la que sentía que estábamos metidos, que ya era tarde para estar ahí en ese lugar donde las noches nunca terminan porque nunca han tenido tiempo de empezar. Me dijo que no quería más alcoholes por hoy, que para emborracharnos teníamos por delante tiempo y que sentía que era el momento de cumplir un deseo suyo que cargaba consigo hacía mucho tiempo y que al verme a mí por primera vez me imaginó la persona indicada para calmar su sed. –Sacame de acá, por favor en serio, sacame de acá, la noche está muriéndose y no quiero que nosotros perdamos la vida en ella, no hoy, la humedad nos muerde los pies y sube por nuestras piernas. Todavía no ha amanecido pero no faltará mucho. Pedro te lo pido por favor yo sé que querés darme un beso, acostarte conmigo y hacerme acabar hasta que nuestros cuerpos se pulvericen y quedar secos de vida y sexo, pero no hoy, hoy por favor, llevame a desayunar, en serio, no quiero arrepentirme de no haber amanecido con vos, o de amanecer dormidos habiendo empezado juntos la noche anterior, porque yo necesito que me cojas como no me cogieron nunca pero no hoy, por favor– dijo, mientras ya de pie desenredaba su bufanda para enroscármela en el cuello, porque ella supo desde el principio que aunque esté callado, siempre, siempre, estoy buscando mi voz en valles de silencio…

…porque a veces necesito cuadernos, la sensación de poder irme, la sensación de poder irme siempre, la sensación de irme para volver, irme mientras escribo y sin tener en cuenta que estoy pero me voy, ya no estaré donde estaba ni tampoco puedo decir que volveré a dónde alguna vez estuve. ¿Cuántos infinitos vacíos hay en mi historia? Por lo pronto escribiré lo que pueda, anclándome cuando el dolor de cabeza me lleve al otro lado, cuando los enanos intenten raptarme del otro lado del jardín, cuando todas las voces que gritan y se callan al mismo tiempo sé que tendré una cuerda para volver, un cable a tierra, un cable a tierra para bajar de los valles de la luna, para bajar del alunizaje, para bajar de las alucinaciones, para bajar de las alunaciones, para bajar de los enlunamientos, o para bajar de los alunamientos siempre, de tener en mano un bolso, símbolo cliché de quien siempre está recién llegado o a punto de irse, me gusta esa imagen… De un tiempo a esta parte siempre me sentí con ganas de tener algo que me cuelgue, al sensación de no ser de acá ni de ninguna parte, la idea de convertirme en hombre de ningún lugar, de la no pertenencia, fantasma. Fantasía…

…un nombre remite al pasado y ya no estoy buscando eso. La verdad es que no. No estoy buscando eso. He dejado de buscarlo en el preciso momento donde lo encontré. Ya pasó de moda, mudó de forma, forma parte del pasado esa búsqueda. Ya no busco más perfumes, no. Yo buscaba el perfume, si, buscaba el perfume, porque no podía oler los cuerpos, la excitación y el sexo, el solo pensar en poder oler un cuerpo, de oler la esencia del cuerpo me daba miedo, terror, recuerdos de un ángel negro que se volvían presentes. Tener entre mis piernas un cuerpo desnudo arrodillado y yo de pie, como aquella vez. Felipe supo decirme una vez << Mientras la ciudad se derrumba y se pudre, nosotros seguimos cantando, aleteando sobre los vestigios de la poesía cargada de pasión>>, y la verdad, es que cuánta razón tenés…