martes, junio 29, 2010

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No te parece maravilloso saber que se acerca el invierno...

y que la vida será un poco menos agitada,
y tú estarás en tu casa escribiendo y comiendo bien
y pasaremos noches tan agradables el uno envuelto en el otro;
y ahora estarás en tu casa, descansando y comiendo bien
porque no debes entristecerte demasiado...
y yo me siento mejor cuando sé que estás bien.
Y
Escríbeme cualquier cosa. Porfabor Mantente Bien Tu Amiga,
Y todo mi cariño
Y Oh
Y Cariños para Ti

MARDOU Porfabor

Jack Kerouack, Los Subterráneos

Yo sé que tendrías que venir, todavía no es demasiado tarde le escribí en el espejo del baño antes de entrar a bañarme, solo con la fuerza que carga la suciedad, el encierro de uno en su propia soledad a lo largo de tanto tiempo, como se sabe, estuve viviendo de mi propia piel y mi propia mugre, habiendo también masticado bastante tiempo mi propia miel en mi boca, diciéndole a cuanta persona entrase a la escenografía y volviéndolas victimas de mi historia;
“Minombreesaquelquenoquerrásescucharnuncasoloremitealamierda
yalosdesoladosenamoradosdelaesenciamalditadeunavictimadeldesamor”
histeria que siempre quiero empezar a escribir y por una cosa u otra siempre termino por dejar de quererla para simplemente amarla tal cual es toda enterita en mi cabeza, a veces con ritmos, otras simplemente con comas y signos símbolos de tipos de letra o silencios, algunas otras tantas veces me voy a la ducha, como ahora, a escribirla en mi cabeza, juego siempre con la fantasía de saberla tan de memoria que un día, simplemente podré estornudar libros enteros ya impresos y supervisados por mí, como vómitos de papel en el mayor sentido literal de la palabra aún resistentes a sonarlos la mayor cantidad de veces posible y necesitados por todos y cada uno de los fantasmas que sobrevuelan lo que estoy escribiendo constantemente, fantasmas, no por su inexistencia, al contrario, porque para quien lee simplemente imaginan su cuerpo, porque la vida la tienen, los fantasmas no existen, pero que viven, y cómo viven, viven en mí. Corrí las cortinas ya espesamente humeantes y sucias de tantos baños y tanto sarro que pende desde la hebillas que datan tantos años y abrí la canilla de la ducha. Me gusta tanto dejar correr el agua previamente a entrar a bañarme. Primero abrir la canilla izquierda, si la del agua caliente y después abrir la fría. ¿Cuánto? No importa, se manejará por impulso. Una vez abierta el agua y dejándola correr entibiar el aire con vapores para alivianar la nariz y suavizar la piel previo a desvestirme. Una vez entibiado todo, nada como sentarme en el inodoro mientras desanudo los cordones y me saco el pantalón para finalmente entrar en la ducha y sentir cómo todo el agua corre por mi espalda. Entré a la ducha pensando en que tenía que escribir sobre la felicidad. Sí, en serio. Una amiga mía está estudiando y como trabajo de final de cuatrimestre le tocó realizar un ensayo sobre qué es la felicidad y la pauta era precisamente una zaga fotográfica supervisada por la maestra, la supervisión al igual que la recolección de las imágenes fue en grupo, por lo que no sé bien qué fotos habrá sacado ella, sobre todo teniendo en cuenta énfasis al descontento que transmitía cada vez que hablaba al respecto. Estábamos en una esquina en invierno, en el primer piso de una casa sobre un bar al que más de una vez he ido a sentarme a escribir mientras dudaba sobre si pedirme un cortado, pequeño, fuerte, aguado y horrible, o bien un submarino, que mal que mal nunca puede salir feo, quiero decir, no hay mucha ciencia, es simplemente calentar la leche, (pero por favor que no se hierva, nadie puede ser tan hijo de puta de servirte un submarino con nata), y llevarte a la mesa dos barritas de chocolate. Si las cosas como son. Basta de escatimar con el chocolate. Es cierto que algunas cosas han subido en costos, pero nada como el precio de lista del submarino. ¿Quién mierda puede justificar su precio, si acaso no requiere tanta preparación como la que ameritaría? Al menos regalen otra barra de chocolate y después quedará en el consumidor si sumergir las dos o a la primera morderla y comerse una parte para empezar a hablar y después con lo que queda, si hacer el submarino. Hacia un mes y unos días que pude ver a Chuva por primera vez y fue una noche de sábado que la lluvia finalmente prefirió no aparecer, y mejor porque fue bajo un cielo encapotadamente naranja tuve el gusto de conocer a Chuva. Chuva es una mujer, como su nombre lo dice, y no amerita comentario, simplemente me dedicaré a hablar de ella en si misma lo menos posible, para lo que resta simplemente, construirla de lo que de ella se diga, por ahora yo creo y con eso basta. Ahora si me permiten el agua me espera, y por el momento tengo ganas de bañarme solo, quizás mañana, quizás Chuva, quizás, el tiempo…

jueves, junio 10, 2010

Y ahora además podemos invitarla a la fiesta dijo detrás de mí

Y ahora además podemos invitarla a la fiesta dijo detrás de mí como si yo no estuviera parada acá, y claro, me olvidaba, ahora una se vuelve mercancía, material de consumo para los hombres en celo, hambrientos, jadeantes, y retorcidos, campeones mundiales de tocarse la pija con la mano en los bolsillos del pantalón siempre buscando monedas en el andén mientras esperan el subte. ¿Cómo es que pueden ser tan livianos? Si ya sé, quizás sea yo, nací con ovarios muy grandes, tan grandes y tan pesados que no hacen más que atarme cada vez más al piso para demostrarme que acá en la tierra, ¿reina? (si, reina, y no rey), la ley de gravedad. Tengo los ovarios tan grandes y tan pesados porque tengo dos pelotas muy grandes, de tanto manoseo en el colectivo, me la pusieron tantas veces sin querer,silbando bajito con cara de yo no fui y balbuceando los ojos hacefríovioperosinolausounpococuandoquierausarlalapobrehabráreventado. pelotudos. perdón. pelotudos. Perdón, ahora si, la P en su lugar pelotudos con minúscula, boluditos, y eso que detesto los diminutivos, me enferman, bastante ya con los perros chiquitos, porque son eso, son perros chiquitos, no son perros chicos, no son perros chiquitos, el diminutivo del de la pequeñez, la histeria por la histeria misma, entonces nunca mejor dicho para esos pelotudos con minúscula, la misma p minúscula de sus pitos chiquititos, de sus pijitas pequeñitas, y encima boluditos, porque las bolitas más pequeñas las tienen, y tienen bolitas si y no huevitos, porque los huevos tiene clara y yema, pero estos qué carajo van a tener si todo lo que podrían tenerlo lo hirvieron en la palma de sus manos hurgando para el bondi mientras ya se la acarició después de comprar la tarjeta del subte con la excusa de no golpeársela contra el molinete. Y bueno. En este divague lonelypeople por suerte acaba, de llegar el tren, mientras el sigue mirándome, ahora con las dos manos ahí dentro. Sostengo la mirada con alta tensión mientras veo que su cara se pierde en gotas de transpiración que bajan desde sus cejas arqueándose, caen por su nariz desesperada, sabe bien que esa gota no puede pasar por su boca, lo más parecido a una lágrima en este momento detonaría todo mientras suena la sirena del subte que avisa, se cerrarán las puertas. Me acerco a la ventana le tiro un beso y decididamente le pregunto con bronca y descargo ¿Y ahora qué vas a hacer pajerito? Mientras yo me voy yo me voy a mi casa y él se queda con una vainilla en una mano y la lechita en la otra.