lunes, diciembre 20, 2010

3 Y ÚLTIMA PARTE

Una mujer camina con la vista perdida, no tiene los ojos con ella porque ella tampoco está ahí, está en otro lado y no ve que la puerta de vidrio está cerrada. Estuvo abierta toda la tarde y toda la noche pero ahora por alguna razón está cerrada y ella no lo sabe, no se da cuenta y no lo ve. Necesita ir al baño, y con suma urgencia no hace más que soltar el peso de su propio cuerpo para entrar de la galería del jardín a la casa. Entra con el impulso de su hombro izquierdo y en ese mismo momento rebota contra el vidrio que no resiste el golpe y las vibraciones del impacto hacen al vidrio estallar por partes. Crujen. Revientan pedazos contra pedazos. Nadie se lastima. Toda la noche hubo gente a los dos lados de la puerta, y esto pudo haber sido una masacre, un acto de justicia, o un simple accidente. En este segundo de tiempo del lado de adentro de la puerta corrediza de marcos blancos hay sólo dos pibes que sentados a un lado de la mesa juegan con una guitarra con cuerdas de nylon. Las cuerdas quedan sonando en ese acorde al aire. Mi menor. La tensión del acorde se mantiene en el tiempo, persiste hasta que la lluvia de esquirlas impone el silencio vacío y frío con los vidrios anclándose en el piso. La mayor parte de los pedazos cae hacia adentro. Nadie se lastima. Ella, la que le puso el hombro a la situación e hizo parar la fiesta para que la explosión del cristal corredizo, tampoco recibió ni un corte. Todos se acercan a la puerta. Uno de los que estaba sentado adentro, el que tenía la guitarra, se acerca al cementerio de vidrios y en cuclillas ayuda a levantar los pedazos grandes para después poder barrer los pequeños y liberar el paso. El acto de levantar la totalidad de lo que supo ser un ventanal tardará unos minutos. Nadie se explica cómo es que pasó. Cómo pudo no haber visto que estaba cerrada. Hay quienes dicen que alguien la empujó. Otros que sostienen que ella lo hizo en descarga al anfitrión y dueño de la casa donde se celebra la fiesta de no-cumpleaños por anticipado. La banda de Lorenzo ya hizo su debut hace un rato. Pero del recital en particular se hablará en otro momento. Nadie se explica como es que toda la efervescencia de la fiesta podría quebrarse de golpe. Cerveza queda cada vez menos. Las manos que ayudan a limpiar son tantas que terminan por pisar los pedazos que no ven y generan más astillas. Hermeto hoy no vino, está preparándose porque viaja a Brasil, a la tierra de Vinicius y Niemayer a una clínica de música, y Felipe estuvo, vino temprano pero ya se fue, el estallido parece que llegó demasiado tarde. Mona está en el está en el jardín, pero entra para ver si todo está bien, si fuera del vidrio, el estruendo y la nulidad de víctimas, en la cocina todo sigue más o menos en su lugar. Al cabo de unos minutos la fiesta sigue como si nada hubiese pasado. La intensidad del calor y el frenesí de haber superado la no-tragedia acelera las bocas sedientas y el alcohol se deshace en lenguas que solo se mojan con la saliva propia o con la ingesta elegida por cada uno para saciar su propia sed. No hay bocas propias en labios ajenos ni lenguas haciendo piruetas entre labios y dientes que podrían desearse. La noche se estira como un globo hecho con chicle que bien puede reventarse pero seguirá siendo chicle y con eso sólo faltaría meterlo en la boca para jugar a recomenzar. La noche sopla una brisa como la del mar cuando está por amanecer y el cambio de temperatura se siente desde adentro del cuerpo. La noche empieza a cerrar los ojos de varios que se rinden al alcohol, al porro, o a la mezcla. La noche bosteza en el frío de Mona que se cubre los hombros con una campera de cuero que no es suya. -De quién es?- pregunta y Shannon desde atrás, cuidándole la espalda y acomodándole la caída de las mangas por los hombros le responde -Es mía y ponétela que hace frío y te aviso mujer que no pienso aceptar un no como respuesta-. La galería da a un jardín largo de unos 20 metros más o menos. El pasto está alto con manchas amarillas, como si esos pedazos de pasto estuviesen quemados con algo. La música suena bien, suena fuerte. Y pensar que sale de una computadora portátil. Lo que pasa es que pasa por una potencia y sale por unas buenas cajas. La música se va eligiendo de a ratos de acuerdo a quién se aposte en la mesa donde está la pc. Quedan cada vez menos cuerpos en la fiesta. Varios se fueron, otros están apostados ya en sus respectivos pero improvisados lugares listos para pasar la noche. Mona está de pie hablando con alguien hasta que de pronto lo ve a Shannon eligiendo canciones para pasar el tiempo. Se acerca a él y casi como con miedo a equivocarse el nombre o pensar que estaría llamándolo con un nombre de mujer, en lugar de afirmar el nombre le pregunta:-Shannon?- y él responde: -Si soy yo, mucho gusto. Vos debés ser... No me digas, dejame adivinar. Vos tenés cara de Mona-. Mona no lo puede creer. Ella fue a asegurar el nombre de él y éste termino por adivinar su nombre. Jamás se sintió cómoda con su nombre. Mona, la hembra del mono, pensó desde chica casi como un Karma. -¿Quiere decir algo tu nombre?¿Significa algo? ¿O es simplemente que suena así y nada más?- pregunta Mona esquivando la mirada. Esa mirada profunda y triste de pupilas marrones oscuros con trazos finos y delicados, rasgos arabescos y ojos con forma de mujer. Y es Shannon con esa diáfana mirada quien se posa delante de la mirada de Mona y abrazándola y sin pestañear le dice- es un anglicismo gaélico que quiere decir "chiquito pero sabio". Mona estaba casi convencida de que Shannon era (y todavía sostiene) es nombre de mujer. Ya no queda nadie y las canciones que suenan parecen durar cada vez menos. El cielo matiza pasteles puros y profundos marcados por la mano pintora del sol. La luna casi llena dice que hoy no piensa dejarle el escenario vacío al sol, que hasta que Mona y Shannon no se vayan a dormir ella piensa quedarse firme. Mona se acerca a la pc y elige una canción. -Quiero escuchar Tangerine- piensa en voz alta y escribe en el teclado el nombre del tema para ver si está en el reproductor. Tipea: M-a-n-d-e-r-i-n-e. Aprieta ENTER. Resultados: 0. -Shannon-dice ella- cómo hago para poner música. Estoy poniendo una de Zeppelin que yo estoy segura que tiene que estar pero acá dice que no está-. Él se acerca con una silla que apoya frente a la computadora y mirando al sur, a la pared de la casa, a un costado de la mesa y a la izquierda de donde hasta hace un rato tocó la banda de Lorenzo. -Sentante Mona- y le acerca la silla. Ella se sienta y se relaja. Señala con la mano derecha que la computadora dice que la canción no existe, que el resultado de la búsqueda es cero elementos encontrados. Shannon arrima otra silla al lado de ella, se sienta y lee: "M-a-n-d-e-r-i-n-e" -Estira las manos sobre el teclado y escribe. Mueve el mouse con la mano derecha y la canción suena. -Ves- dice ella- no podía no estar esta canción además me gusta mucho. Es tan necesaria para mí. Mirá el cielo está naranja como una mandarina-. Shannon no dice nada y se cruza de piernas. Él sentado a la izquierda y Mona sentada a derecha. La mañana tiñe lo que queda de la noche. Los vasos vacíos, los vasos llenos. Las botellas secas de malta. Afuera de la casa ya no hay nadie más que ellos. Adentro los que se quedaron duermen. Hay dos en los sillones, uno en un individual que sueña sentado y el otro acostado en un familiar tapado con almohadones. Después en las piezas las camas se comparten. Hombres y mujeres en las piezas, en las mismas camas. Nadie coge, nadie habla, todos duermen. Todos se quedaron a dormir y todos duermen. Los pájaros cantan afuera en el jardín soplan el significado del bebop. Shannon sigue musicalizando con Zeppelin y Mona escucha. Hablan acerca de por qué las estatuas de los museos no pueden tocarse. Shannon dice que si bien deberían poder tocarse, en algún punto no se las toca para poder preservarlas. Mona dice que eso tendría validez si acaso no se pudiesen tocar en ningún museo. -Mi tía Anna siempre cuenta que cuando estudiaba se iba al Museo de Quinquela y acariciaba las esculturas. Dice que podía dibujarlas y moldear las líneas de los cuerpos y las formas con los ojos cerrados. Se las sabía de memoria con los ojos abiertos pero aún así con los ojos cerrados jugaba a tocarlas y redescubrirlas una y otra vez.- Shannon mira a Mona de reojo se saca las sandalias sale a caminar descalzo por el pasto.-¿Ey! qué hacés? Ojo que hay vidrios sueltos por todos lados-dice ella- ojo que te podés lastimar. Él camina por el pasto. Se arremanga el pantalón con dobladillos hasta por debajo de las rodillas. Camina despacio. Con pasos cortos. Un pie por delante del otro casi en línea recta. Hace equilibrio con los brazos para no caerse. Mona se gira la cabeza, todavía sentada en la silla, para verlo. Está sumido en su experiencia. Shannon llega hasta el final del jardín, gira sobre si mismo y sigue la misma linea pero que lo llevó hasta allá pero ahora al revés. Tiene la mirada en diagonal hacia abajo. No saca los ojos de sus propios pies Sonríe y camina. Camina de un lado a otro. Mona lo llama pero nota que no responde. Shannon camina como un robot de una lado para otro murmurando en voz baja, está ido. Mona se acerca a él lentamente. Le habla. Le hace gestos. De fondo suena The Rain Song, una versión en vivo de 1975. Mona se para en el recorrido de Shannon y éste se detiene. Ella lo mira a los ojos y él no responde. Ella se acerca al punto de tocarse enfrentados. Ella pisa los pies de él. Lo abraza rodeándolo con sus brazos. Panza con panza. Ella apoya sus tetas, insomnes ya en el pecho de él y aprieta su nariz con la de él. Le sopla los labios pero Shannon no responde. Mona le masajea la espalda dibujando cada vértebra. Empieza por la cadera y sube hasta llegar a la nuca. Shannon se eriza, como si la sangre de su cuerpo estuviese volviendo a circular después de haberse quedado quieta. Los ojos de Shannon vuelven a la vida y ven el escote de Mona. Shannon parpadea y Mona le pasa la lengua por los labios, le regala su beso. Shannon parpadea y levanta los ojos. Shannon se ve en los ojos de Mona que también se ve en los ojos de él. Un beso eterno en el velo del amor. Un beso de esos en los que no pestañean y no dejan de verse, el uno en el otro, cada uno necesita estar lo más cerca que puede del otro. Mona estira las manos perdidas en la cabeza de él y Shannon dice-No me sueltes, por favor no me sueltes, recién estoy volviendo-. Mona se ríe y lo abraza muy fuerte. -Víctima- dice ella,- siempre te gusta jugar a ser víctima. Aquí, allá y en todas partes siempre te gustar jugar a ser víctima. Si te suelto yo sé que te vas a caer y por eso no puedo soltarte. Porque no sé si de verdad estás hablándome en serio, si estás jugando, si estás actuando, si estás usándome a mí y usándote a vos para escribir una historia. No sé- Shannon respira hondo y mueve su cuello de derecha a izquierda haciéndolo sonar y sin pensar dispara -Ya lo dijo Jude Quinn, "el sexo y el amor son dos cosas que inhiben al ser humano"-Mona cruza el brazo derecho de Shannon alrededor de su cintura y aprieta sus teta izquierda con la mano izquierda de él. Le desabrocha el pantalón y mete su mano derecha dentro. Le toca la pija con la palma de la mano refregándola desde abajo hacia arriba por encima del calzón hasta que se pone dura y entonces por entre la ranura del boxer ella le acaricia la carne. Shannon repite -Ya lo dijo Jude Quinn, "el sexo y el amor son dos cosas que inhiben al ser humano"- Mona responde-El sexo está claro que no. Ahora, y el amor... del amor puede decirse que cambia tu sangre. Fijate cómo cambiará tu sangre que así estás ahora, al palo sonriente mirándome de cerca. Hasta hace un rato estabas semi-muerto caminando solo, perdido-. Shannon la suelta y le saca la remera que deja caer al suelo. Sigue con la mano dentro del pantalón tocando la carne de él, la sacude, la acaricia, despacio lento. El se desabrocha la camisa y pierde el equilibrio cayéndose hacia atrás. Mona cae encima de él sin siquiera soltarlo. El sol se cuela por entre las hojas de los árboles del jardín y mientras casi todos duermen Shannon y Mona se sueltan al impúdico y salvaje juego de hablar con los cuerpos. De todas formas no pueden, no saben quedarse callados. Hablan. Hablan con palabras cortas. Hablan con onomatopeyas. Hablan demasiado rápido, o demasiado lento. Ah!!!!!, Sí. Despacio. AAAaaaaah!, Avisame. Se dice cosas así. Son más o menos esas palabras. Se chupan el uno al otro con fuerza, se marcan la espalda con al fricción de los cuerpos en el pasto. -Mona, me pica la espalda. ¿Qué preferís rascármela o darnos vuelta?- Mona lo con los ojos cerrados y los dientes apretados bajito-Ya te la estoy rascando y no tengo pensado dejar de hacerlo hasta llenarme las manos de miel- y gira con el peso de su propio cuerpo por sobre el de él haciéndose a un lado para que Shannon pase a la posición de arriba y una vez el acomodándose, ella aprovecha y mete sus dos manos dentro del pantalón. El sol asoma sus primeros rayos por la copa de los árboles. Los pájaros soplan Años de soledad de Piazzolla y Mulligan grabado en 1974. Lorenzo mientras tanto duerme. Duerme en una pieza con su mujer y un ángel rubio. Duermen juntos los tres en un cuarto. El chico de la guitarra de Nylon también duerme acostado en el piso de la casa sobre un almohadón. Hace calor pero el está tapado. Las moscas parecen volverlo loco. Dicen los que saben que aún en días de mucho calor necesita dormirse tapado para destaparse en el sueño. El dueño de la casa cayó rendido hace rato y está acostado en otro cuarto compartiendo la cama abierta y grande, que como está tan a oscuras no podría decir si las sábanas son o no rojas, aunque como se sabe, la mayoría de los casos las camas grandes siempre tiene sábanas rojas. En esa misma cama está Ariadna, que se fue a acostar ni bien ella y el chico de las cuerdas de Nylon decidieron dejar solos a Mona y a Shannon, a la deriva de la libertad en el jardín, a orillas del amanecer. Se sabe que ante los ojos del resto, siempre se necesita de la libre privacidad. Ariadna duerme entre la cama y el sueño. En realidad duerme entre el colchón y el suelo ya que no hay cama propiamente dicha. El colchón es grande, pero como fue la última en llegar al cuarto, los cuerpos ya habían elegido de qué manera acostarse, quien con quien, entre quien y al lado de quien, y a ella le quedó un huequito, ahí al borde del colchón. Ahí está ella, sigue girando Ariadna sobre si misma intentando encontrar su huequito en el aire, en la cama, en el colchón, pero no puede dormir. No consigue conciliar el sueño. Saber que ya es de día, pero no para ella porque todavía no pudo cerrar los ojos, aún el día anterior no terminó. Ariadna se levanta y va al baño. Camina en la oscuridad y pisa un par de piernas, pero no le importa, se tropieza y sigue adelante. Abre la puerta y la deja entre abierta. Sale del cuarto y gira a la derecha. La puerta del baño está cerrada y por debajo de la puerta se ve la luz. Hay alguien dentro. Alguien que tose, llora y se queja. Se escucha el quejido, el vomitar de una mujer tras la puerta. Ariadna se sienta en el escalón y espera que se libere el baño. Apoya la espalda en el marco de la pared y se sumerge en el sueño. Se duerme y dormida rueda en el piso. Gira en el parquet y rueda, vaya a saber uno qué sueña. Se abre la puerta del baño y Ariadna se despierta. Sale una mujer con la cara totalmente blanca, pálida, como perdida, parece que ha vomitado todo, su color, hasta la vida, está perdida, y camina rumbo al cuarto otra vez, donde cae redonda en el colchón. Ariadna se levanta y camina hacia al baño, se lava las manos y la cara, se apoya en lavamanos y mientras se mira al espejo se peina. El flequillo está cada vez más largo pero así y todo lo acomoda, cruza el flequillo de un lado a otro y una vez acomodado se sienta en el inodoro y hundida en el silencio del baño escucha murmullos. Apaga la luz del baño para no ahuyentar a los amantes que se revuelcan en el jardín. Se para acercándose a la ventana y escucha que hay voces en el jardín. No llega a poder espiar por la ventana que está alta, y entonces piensa cómo llegar hasta ahí para saber quiénes son. Piensa en salir del baño e ir directo al jardín, pero rápidamente entiende que eso sería violar la privacidad de quienes piensan que están solos. Mientras tanto el lugar donde están los sillones se llena de moscas. El chico de las cuerdas de Nylon se despierta, después de moverse dormido un buen rato para espantar las moscas. No lo logra. Abre los ojos. Ve que no hay nadie despierto. Mira a su izquierda y hay dos tipos durmiendo en los sillones. Uno duerme sentado con la cabeza colgando del respaldo y los pies levantados en la mesa ratona y el otro acostado en un sillón de dos cuerpos cubierto de almohadones para que las moscas y mosquitos no lo despierten. El chico de las cuerdas de Nylon se levanta y encara hacia el baño. Al ver que la puerta está cerrada pero que no hay luces por debajo de la puerta, simplemente golpea. Toc. Toc. Dos golpes. Nadie contesta y entonces entra. El chico de las cuerdas de Nylon y ahí la ve a Ariadna con los ojos cerrados sentada a los pies de la ventana. El chico entra despacio, y no prende la luz para no despertarla, cierra la puerta. Se acerca en silencio, contiene su respiración y en puntas de pie se acerca para verla, para olearla, para mirarla de cerca. Camina sobre el filo del deseo con la respiración contenida y casi que no resiste más y ella sigue ahí dormida acurrucada en el rincón a los pies de la ventana dormida apoyada contra la pared abrazando sus piernas recogidas. Afuera, Shannon y Mona ya le vieron la cara a Dios, le tocaron el culo al diablo y ahora están velando todos sus deseos al sol. Adentro duermen en todos lados menos en el baño. Ariadna acurrucada en el rincón juega a la quietud para ver hasta dónde es capaz de acercársele el chico de las cuerdas de Nylon. El chico sigue ahí, se acerca cada vez más a ella, le busca la cara con la suya, contiene la respiración, no sabe cuánto más aguantará sin respirar pero no le importa, todo sea por este sacrificio, por poder verla de cerca por sentir su aire, porque ella le respire en su nariz. Ella respira simulándose dormida, no se ríe, está quieta. El se acerca cada vez más hasta que se sienta de frente. Él abre las piernas alrededor de ella formando una especie de semicírculo. Ella gime dormida, respira suave. Estira las piernas y los brazos como si fuera a levantarse, pero simplemente se reubica en su rincón y se acurruca nuevamente. En ese torbellino de movimientos que simulan ser dormidos ella lo roza sin tocarlo y él, anhela ser acariciado, pero eso no pasa. Él, el chico de las cuerdas de Nylon se da cuenta que estar sentado así es una tentación, un rendición, un sacrificio. Rápidamente se da cuenta que ahí no puede verla como quiere y se hace lugar al lado de ella. Se sienta a 26 centímetros de ella. Se cuelan los primeros rayos de sol por la ventana que los corona y golpea contra el espejo que los devuelve en la sonrisa de ella y él lo toma como una señal. Despega su cola de la pared y arquea la espada para dejar margen a su cadera. Apoya la espalda contra la pared y se deja caer lentamente sobre Ariadna como un cuerpo rendido al peso muerto. Se cae lentamente sobre el hombro de ella que lo mira a los ojos, acaricia su nariz con la de ella,- Pedro- susurra, él, ella estira el brazo derecho, se agarra de la canilla para levantase pero la gira y de la ducha caen chorros de agua caliente que mojan sus cuerpos, que se resbalan y una vez los dos acostados en el piso se miran a los ojos y labio contra labio susurran, -Mucho gusto mi nombre es Pedro- y ella casi sin dejarlo respirar le dice, -Lo sé, mi nombre es Ariadna, pero hay algunas otras noches en las que me dicen Chuva-.

viernes, diciembre 10, 2010

Tú, boca

Bailo el vals de las fotos matizadas, fotos blanco y negro:
La mesa habla sobre la canción y las tazas.
Una foto una conversación.
Doy el último sorbo y apoyo la taza con la mano derecha en el plato.
Levanto la cabeza y ahí estás vos.
Te miro a los ojos. Te veo.
El pelo, siempre descontrolado.
Tu nariz todavía tiene crema.
Y así bajo hasta tu boca.

Siempre veo tu boca:
Me gusta tu boca.
Me gusta la forma de tus labios.
El foco de las fotos se pierde ahí
en tu carne,
no hace falta que mires a la cámara
no hace falta ya tampoco que sonrías si no querés.
Dije y digo que me gusta tu boca.

Me pienso cayendo sobre vos y dudo:
Dudo si morderte la boca.
Dudo si abrirla con mi boca hasta fundir las dos bocas en un mismo mar.
Dudo si cerrar los ojos a medida que me acerco a tu carne.
Dudo si tocarte la boca con la yema de mis dedos para dibujarte y sentir
cómo la boca tuya dibuja mis dedos y me carga de sentido a mí.

Me unen a vos tus labios:
Tus labios materia
Tus labios forma.
Tus labios sustancia.

Y tu cuerpo todo:
Me vuelvo susceptible a tu boca y sé que detrás de todas las palabras estás vos
Cuerpo de flores y miel abierta y hambrienta
Cuerpo de amor y de pecas
pero tu boca en mí es algo más,
tu boca hecha para mí es algo más que un desliz.

Quiero morderte y tengo mis razones:
Tu boca me llama lentamente
me dice que ya la conozco
que no quiere morderme
que soñó alguna vez con probarme.


El jugo de tu boca, de tu pulpa:
Pulpa.
Me gusta el jugo de tu boca cuando bosteza
porque el labio de arriba se vuelve sólo una línea
una línea que se pierde con abrís la boca
en el bostezo propiamente dicho
y el labio inferior es tan carnoso.
Me gusta verla.
Me gusta tu boca y no necesito más.
No te pido mucho más de vos sólo quiero tu boca.
Sólo quiero que me des tu boca para sentirla cerca.
Quiero sentir tu boca sobre la mía.
Quiero sentir tu boca contra la mía.
Quiero sentir tu boca con la mía.
Quiero que tu respiración asfixie mi boca.
Quiero que mi boca ventile a la tuya convidándote mi aire.

Elijo tus labios porque siento que me hacen menos solo:
Labios rojos. Labios tuyos.
Labios rosas. Labios carne.
Labios dulces. Labios mar.
Labios crema. Labios míos.
Labios terciopelo. Labios tiempo.
Labios calor. Labios color.
Labios flores. Labios memoria.
Labios dibujados. Labios fuego.
Labios intermitentes. Labios viento.

Siempre veo tu boca:
Me gusta tu boca.
M gusta la forma
Me gustan tus labios y estoy dispuesto a dar la vida por ellos.
Después de todo qué más me hará un poco más de desvelo e insomnio
si voy a llevarme la carne del sueño.