viernes, mayo 04, 2012

sentadoenlapuntadetulengua

la palabra es distancia
cuando lo que se dice no se entiende
porque la idea no es dicha
porque no se puede decir
porque carece de palabras
el arte de escribir por el espacio entre las palabras
poresohoyescriboconelcuerpo
contucuerpoyconmicuerpo
contucuerpoaquíenmicuerpo
conmicuerpoallíentucuerpo
larisadeloslabioscomounríoenlageografíadelamor
tubocacomounlagotambién
tuslabioscomoorillas
tusojossiemprecaféconleche
yporesoyacasinodejoespacios
más que para respirar
como jadeos
enestadanza
que esescribir te

jueves, abril 26, 2012

Te robaré un Color


Y entonces perdida en esa búsqueda de cien millones de palabras se entregaba a la película para subirse a las letras, a las palabras, a las imágenes ya conocidas
(casi todas de memoria)
y de esa forma desmalezarse los ojos
en busca de ese sentimiento de intensidad tan eterno como el amor
(porque el amor es eterno, y no perpetuo eterno porque uno es sensación y sentimiento)
-vapor humeante de las bocas en otoño-
Lo que me gusta del otoño
nada tiene que ver con que las veredas se alfombren de oropeles con hojas secas, con hojas muertas
con ojos calibrados en sepia, no.
Lo que me gusta del otoño es el frío.
Lo que me gusta del frío del otoño es que empieza la temporada de cafésconleche.
Lo que me gusta del frío del otoño es que obliga a buscar calor,
y es en esa búsqueda en ese anhelo de calor que uno juega a abrigarse,
a rodar, a dormir con alguien
y entonces, cuando todo duerma, te robaré un color.

domingo, agosto 14, 2011

en presente siempre en presente!
todo
el fruto de la intencionalidad
siempre en la búsqueda
y la voz del tallo arrulla la tarde que se duerme con el sol en la cara
es invierno y el presente es un instante
sensación de eternidad de dos acostados a la vera del río, recitándose,
leyéndose
acariciándose con la yema de sus dedos
entre los dos saben que hay algo más que un sueño,

el pasto, y los parques, y los libros y casullo que vuelve,
siempre vuelve,

vuelve una y otra vez,
para hacer el amor en los parques, por la no oposición de los sexos ¿opuestos?
hay hoy una apuesta en la puesta del sol
de nubes sin tiempo que cruzan el cielo
y vislumbran que hay dos ahí a la vera del río en el delta temerosos de ellas,
nubes constipadas, que pasan de largo

y cortan a la luna en dos como el cuchillo de buñuel y de dalí
y de andalucía el fruto se cae y la granada brota


y de la fruta brota el dulce ariete,
dulce ariete en presente siempre en presente
en presente que deshoja lunas como hizo federico antes de que lo maten
no hizo más que buscar la luna
luna erótica,
luna fecunda,
luna bella,
luna que baila sumergida en la noche de nuestros sueños.

jueves, junio 09, 2011

CRISTINAYSUPROGRAMA: OTOÑO.a).

CRISTINAYSUPROGRAMA: OTOÑO.a).



No sé si hacer un programa sobre el pasado, o sobre los pasados, o quizás sea la posibilidad de un programa irreal que quiero volver real, que quiero escuchar, que quiero decir, que quiero hacer...


¿Y si, hacemos un programa sobre el tiempo?

Digo, yo de este lado de su parlante, frente al micrófono y ustedes en otros lados, acostados en la cama, apenas en compañía de la luz del velador, o con la cabeza apoyada contra el vidrio en un colectivo volviendo de la facultad con hambre, o llegando tarde a una cita pero caminando lo suficientemente lento como para terminar de escuchar mis primeras palabras, o abrazada a una taza de té sentada en el sillón frente a la ventana con las piernas arriba de la mesa y tapada con una frazada casi lista para pasar el rato o en el peor de los casos perderte en lo que suena en tus oídos y amanecer mañana con la nariz un poco tapada, resfrío de otoño, sensación de enfermarse para dejarse cuidar

¿Y si hacemos un programa sobre el pesado paso del tiempo?

No, Está bien.

Tengo que hacerlo sobre un festín, sobre (re)cuerdos (re)unidos.
Festín de recuerdos reunidos.

Un programa para recordar, un programa para la historia, un programa haciendo historia, un programa contra la historia, un programa para el recuerdo, un programa contra un recuerdo particular…

El de hoy va a ser un programa de reencuentros, un programa de búsquedas, un programa de desencuentros, un programa aleatorio y camaleónico, un programa categórico, un programa polaroid condimentado con azar, un programa de amor, un programa de risas tiznadas por dolor, un programa de lágrimas firmadas por llanto. Un programa que resuene por todas las paredes de la casa. Un programa para el aire, un programa desde el aire, un programa en el aire, ahí siempre, a 5 cm del suelo.


Un programa de Buenos Aires. Un programa para la histeria.

Ya sé…

Tengo una idea, hagamos esto. Levantemos vuelo con esta canción para entra en clima y después, después que el viento nos lleve, pero primero…

Entre tejer una historia lineal y adiestrada desde el vamos, idea naciente, iluminada como rayo de sol y traída, transcripta en palabras por el mismo sol, o deshacernos del telar para consumar una historia a la luz de la vela, soltando la intuición, muchas veces sin comas, muchas otras tantas sin puntos, desvariando la acentuación quiero dejar presente que…

-¿Algo te entró en el ojo…- me dijo mirándome, y nada sentí yo que acaso fuese a hacerme daño, estábamos tan cerca. Fijó una vez más sus ojos en mí, como al principio y lo único que sentí fue el pétalo de sal esperanto, (lo que espera) para rodar por mi piel con el único fin de perderse entre sus dedos, “el deseo siempre excede al sujeto”, más bien cae en él o lo sumerge, estaba en la ventana y escuché tu respiración -…o me vas a decir que estuviste llorando?-

El Otoño. Otoño. Deshojado. Deshora. Las hojas. Las hojas mueren. Caen. Las hojas caen. La vida se tiñe de amarillo. El sol. Es tiempo de recolectar el maíz, el girasol. Gira el sol y el aceite, Sutra de girasol. Buenos Aires de Otoño. El Otoño se huele, se respira, se dejar ver en la caída de las hojas, casi muertas, que se quiebran en su aleatorio suicido envueltas en el viento masturbatorio hasta llegar al suelo y embelezarlo con su amarillo ocre. El Otoño entra seco y fresco en la nariz. El Otoño te corta los ojos. El Otoño te desviste y te obliga a buscar calor, a jugar con fuego. Él, Otoño. Él, Otoño, desnudo y seco ahí, en el rincón de una cama, con las sábanas al otro lado del desierto próximo a helarse. Él, Otoño, traerá los Crisantemos, se empantanará entre los Cipreses teñidos de rojo. Él, Otoño, intentará tejerse en impulsos latentes de licor venéreo para llegar al oto lado, jugará a cruzarlo todo, a atravesarlo para taparse otra vez, sobrevolará cuerpos cansados con ojos muertos por no saber mirar y simplemente haberse negado a ver, nadará entre acaudaladas piernas hasta encontrar un panal donde volver a beber el té de las mil flores, la miel del fuego para no dejarse morir a la vera de las bocas del invierno.

Buenas noches, esto es Cuadernos del Puerto...

Reflexiones: Demadrugadasaoscuras. Vol. 2‏

Seguramente quien lo escribió, lo hizo con marcador indeleble verde de trazo grueso con punta chata porque fue así como le enseñaron a rotular, quizás en una escuela técnica o bien en alguna materia terciaria o universitaria relacionada al diseño, o simplemente compró el marcador en un kiosco, pero sin ningún tipo de duda pertenece al grupúsculo, (que en lo particular empiezo a comprobar cada vez que es mayor), de gente a la que las clases de caligrafía sólo consiguieron perturbar en el dibujo, el dibujo de sus letras al punto que convirtiese el gozoso e irremplazable acto de escribir a mano en una eterna y perpetua clase libre de dibujo.

Y es que la verdad es que yo nunca pude sostener los garabatos y la forma de las letras igual y con la misma cadencia por más de una palabra, independientemente si fuese imprenta o cursiva, o mayúscula, o minúscula; de hecho ni siquiera escribiendo a máquina o en computadora puedo tener una escritura pareja.

Escribo por corrientes respiratorias. No es que inhalo, proceso y al exhalar escribo hasta que el aire se acaba, pero más o menos, que se yo, hay momentos en los que el aire salió por completo de adentro mío y las frases o las palabras no dieron lo suficiente y entonces o sigo intentando sacar aire de donde no tengo o inhalo, pero que se yo, no estaba hablando de mí ahora. Estaba hablando sobre el cuaderno que encontré en el baúl. Vuelvo…

Yo supe de alguien que escribía. Escribía mucho. Todo el tiempo. Escribía en cantidades industriales. Alguien que se cansaba de llenar cuadernos. Decía que de todos modos le gustaba leer, y mucho, pero que más le gustaba releer, ir y volver, releer, como recomenzar. Quizás tenga que ver con estar atado al pasado eterno en el que fue leído aquello que se está releyendo y a lo que se quiere volver. Es tan mágico eso. Uno vuelve a leer muchas veces para volver a buscar esas sensaciones que quedaron ahí entre las hojas, los olores de las manos transpiradas en el colectivo cuando estabas por bajarte en la parada que seguía y justo que lo que estabas leyendo se estaba poniendo bueno y entonces el frenesí de leerlo lo suficientemente rápido como para no cerrar el libro y entonces subir y bajar la mirada casi sin pestañear para no perderse nada, ¿cuánto falta?, bajar la mirada otra vez y buscar las últimas palabras que estábamos leyendo, el dedo señala flores abiertas sin importar cuánto tiempo sea lo que dure, pero eso ya lo leíste y el colectivo avanza y te tenés que bajar pero levantás la vista y ves que el colectivo parece haber retrocedido unos veinte metros, entonces bajás la mirada otra vez y está al final de la página marcado con lápiz en el márgen, sin la nostalgia de la memoria… y cuando das vuelta la página te das cuenta que habías terminado el capítulo y cerrás el libro con el lapiz dentro como señalador, pedís permiso y te bajás con la velocidad suficiente para llegar a tu casa y seguir leyendo, pero con la tranquilidad que pudiste llegar con la lectura a tiempo.

Pero yo estaba hablando de alguien a quien le gustaban los libros. Es más cuando le preguntaban si le gustaba leer, decía que sí, pero antes de cerrar la idea, o dar lugar a una repregunta, automáticamente disparaba sin pudor que le gustaba mucho más escribir. Vértigo. Sensación de hojas en blanco como cantidades industriales de agua esperando para caer del trampolín hacia la pileta inundándola y empapando al náufrago, sumergiéndolo en su nuevo naufragio. –Escribo para dejar de escribir…– esa era su carta de presentación cuando alguien le preguntaba si le gustaba escribir… –Es que escribir para dejar de escribir no significa que sufra al escribir, no al contrario. Disfruto de escribir, me gusta escribir y es por eso que cuando me paso un tiempo determinado sin escribir, me siento raro, hasta nostálgico te diría… Nostálgico en algún punto y melancólico también. En serio, anhelo la sensación que sentí al haber escrito algo. –


Hubo un libro que le cambió la vida (y a mí también). Era de madrugada y el día de su cumpleaños recién estaba izándose, faltaba más o menos una hora cuando sonó el timbre de la casa en la que se crío. Por esos tiempos aún vivía con su hermana, el gato y los dos perros en la casa que se crió. Sus padres ya se habían ido cada uno por su lado y en distintas direcciones. Su hermana abrió la puerta y se presentó. – Adelante, qué tal, mucho gusto, mirá está durmiendo en su pieza, pero subí que no hay ningún problema. La puerta de madera con vidrios a la derecha, subís la escalera caracol y por ahí hasta el fondo. Fijate que quizás esté la puerta cerrada pero abrí sin miedo. Bah, que boluda, ya sabrás que hacer…–


Estado de ensoñación. Movimiento ocular rápido y mientras dormía a la espera de su cumpleaños murmuraba… Ese soy yo contra las cuerdas. Ese soy yo en el punto de mira. Perdiendo mi religión. Intentando seguir contigo y no sé si podré lograrlo. Oh no, he dicho demasiado y no he dicho lo suficiente. Creí oírte reír, creí oírte cantar, creo que me pareció haberte visto probarlo. Cada murmullo. De cada hora en vela escogiendo mis confesiones, intentando no perderte de vista como un tonto herido, perdido y ciego. Oh no, he dicho demasiado.* Hay veces en las que los susurros cuando uno duerme están tan empastados que no se entiende nada, y por suerte la música que suena en la cabeza de uno cuando se está dormido no sale. Orejas hacia adentro. Boca hacia fuera. Ésta fue una de esas veces en las que la canción del sueño se termina por la mitad cuando un ruido exterior se cuela, enmascaramiento. Ruido de fondo en la escalera que se acrecentaba cada vez más. Puerta corrediza abierta. Pasos detrás de la puerta. Abrió los ojos cuando detrás de si abrieron la puerta. –Hola mi amor! Me dijo tu hermana que estabas durmiendo. Ya sé que falta un rato pero la verdad es que quería venir a estar un rato con vos antes…– dijo mientras descolgaba su bolso verde por encima del cuello para sacarse la bufanda primero y después el saco, para después volver a colgar todo en la silla en el orden inverso. Perfecto. Todo parecía indicar que nada de lo sucedido párpados adentro había sonado hacia fuera del anfiteatro de su cabeza. Todo estaba bien. Su pareja abrió la puerta un segundo antes de que abriese los ojos por lo que nada de todo lo soñado pudo haber sido oído, aunque hubiese sonado por el equipo de música y a todo volumen. Acostados los dos en cucharita, de espaldas a la pared y mirando la puerta dejaron pasar el tiempo, esperaban que las agujas cruzasen las 23:59, para que a partir de las 00:00hs todo cambiase para siempre. 23:59:24 se oían arañazos, forcejeos, era el gato, Viento que no quería perdérsela y se hizo presente. –Quedate en la cama amor yo le abro. Vení Viento…– 23:59:32 la puerta se abre y Viento entra de un salto pero se queda debajo de la silla frotándose contra el tapado, no es boludo esconde el cuerpo pero deja la cabecita afuera, no quiere perderse nada, 23:59:39 y desde la cama se escucha…– Vení amor, acostate acá conmigo, dale un ratito más total no va a llamar nadie, ya le dije a mi hermana que si llama alguien diga que estoy durmiendo además de la familia no creo que llame nadie hasta después de la 01:10 hora en la que nací – 23:59:53 – Ahora voy, esperame que me parece que me olvidé las llaves de casa…– 23:59:58… 23:59:59… 00:00hs Mano en el bolso –Feliz cumpleaños…– se escucha el grito de su hermana desde abajo. –Acá está amor tomá para vos, feliz cumpleaños…– Un paquete forrado con papel de regalo de libros, como el empapelado para las piezas de nenes chiquitos que simula ser una biblioteca. – ¿Qué es?– pregunta sin obtener respuesta mientras rompe el papel y adentro hay una caja de un portarretratos… – ¿Una foto de nosotros dos? ¿Cuál?– Sostiene la caja con la mano izquierda contra el muslo de la pierna derecha. Intenta abrirlo con la mano derecha pero no quiere romper la caja. Se sienta en la cama. Apoya los pies en el piso y acuesta la caja sobre las dos piernas mientras su amor lo mira de rodillas desde el piso esperando verle la cara para capturar ese preciso instante en el que el regalo le despierte una sensación desconocida hasta el momento. Apoya la palma de su mano izquierda en la caja y con el pulgar de la mano derecha consigue abrir la caja. Mete la mano y saca un libro de tapas rígidas. Desórbita y desconcierto. Palabras recortadas y pegadas como un collage decoran el libro. Lo abre. Primera página en blanco, segunda página en blanco, tercera página se da cuenta que está al revés. Cierra el libro y lo da vuelta. Lo abre otra vez primera página en blanco, saltea la segunda página y en la tercera lee su nombre. Sigue ojeando sin pestañear y con la respiración contenida, las piernas no le responden, el funcionamiento de su cuerpo está en piloto automático, todos en la habitación miran cómo recibe su regalo, nadie quiere perderse cualquier gesto, sonido o movimiento que pueda llegar a hacer en efecto al regalo. Abre una página al hacer y al ver que no están enumeradas empieza a leer palabras que le resultan familiares, cambia de página otra vez…en la profundidad del sueño… Cierra el libro, lo deja en la cama y dice –Amor son mis palabras, es un libro con mis palabras, me hiciste un libro. – El aire se torna tenso. –Sí, lo hice para vos…–

La cuestión es la siguiente: acababan de cumplirle el sueño secreto de toda una vida si siquiera haberlo pensado en voz alta. Hasta ese momento nunca había pensado en la posibilidad de sentirse como una persona nacida para escribir. Solo se consideraba alguien que escribía. El libro estaba impreso en papel fotográfico. Alguien había conseguido comprender en ese instante que los poemas o las sensaciones son como fotografías, que la realidad es una secuencia de fotogramas. Fue a partir de ese momento algunas cosas cambiaron para siempre para quien recibió semejante regalo, como también cambiaron para mí…


Hacía algún tiempo en un taller literario al que no fui más que algunos meses, porque, dicho por voz de quien lo dictaba, –seguir viniendo te va a cortar las alas. Escribí, vos dedicate a escribir. Con lapicera, con lápiz, con marcadores, con crayón. Vos escribí. Escribí en las paredes, en las hojas de carpeta, en los volantes que de tan en la calle, en los márgenes de los libros, de los diarios. Si ves que no podés volar volvé y vemos si tirándote desde este primer piso conseguís volar… – aprendí lo que era un haiku: Poema de tres versos, dividido en 5, 7 y 5 moras o sílabas de origen japonés, pero no fue hasta dar con ese libro que entendí el sentido del haiku: Poema de tres versos, dividido en 5, 7 y 5 moras o sílabas de origen japonés que cargado de simpleza, en sus orígenes estaba ligado a las estaciones de la naturaleza pero que con el correr del tiempo se ha hecho permeable también a la pictorización de situaciones o sensaciones en algunos casos epifánicas. Desde ese entonces yo juego a construir haikus,como fotografías capturadas por mí en el lenguaje con el único fin de darme el gusto de poder unirlo todo desde mí, como un rayo...

*R.E.M-Losing My Religion.

viernes, junio 03, 2011

aqui lo que faltaba Mr... Golem Gutierrez, una vez leído esto, desaparecerá esta irrupción literaria otra vez hasta nuevo aviso

Entró a escena desde la pared, todavía puedo verla. Chuva cruza delante de mí entre las sombras del bar, de izquierda a derecha y la sala a orillas del escenario iluminado por luces amarillas que le dan de frente en la cara, no puedo verle los ojos, porque se toca la cara descorriéndose el pelo que le tapa los ojos y no la deja mirar. Acomoda el flequillo con el dedo índice de su mano derecha. Ella no puede verme y yo sólo veo la forma de su cuerpo como una sombra en el espacio que desde mi mesa es más que voluptuosa y sensual, más que un cuerpo de mujer dibujado en trazos gruesos con finura y delicadeza, más que un cuerpo que salido de la pared. Al caminar inventa su forma de andar, sus piernas cada vez más largas buscan quién sabe qué o a quién. Así estaba yo, sentado a la derecha de un salón vacío en su inmensa oscuridad. Pero es que si, siempre pasa cuando uno llega un rato antes a ciertos lugares, quizás por angustia oral, por querer estar a tiempo, o por miedo a llegar tarde, que finalmente se llega hasta demasiado antes, y ahí se ve el lugar, vacío y desnudo, como si en esos momentos uno se diese cuenta que todo se arma y se desarma, todo se construye, como en los estudios de televisión, en los libros impresos en papel de fotografía, y también en la vida misma…

…léase, quizás mal y pronto el amor, el amor lleno, ese que hasta puede tener mariposas en la panza, porque sí, las larvas finalmente se terminan la transformación y ya no más como orugas han cambiado y deciden finalmente salir a volar, y eso es lo que hay, lo que se siente, cosquillas, cosquilleo en la panza, aleteos de mariposas; alguien dijo una vez algo sobre las mariposas y la teoría del caos, el aleteo de una mariposa puede generar un tsunami al otro lado de la tierra, bien dicho, en este caso es dentro del cuerpo de uno, el cuerpo de uno también se transforma, de deforma, en un amor amorfo y anacrónico, amor libre de todo interés, y es en esta zaga de experiencias y experimentaciones que uno empieza a elaborar una propia mitología; Pensar también en que dentro de uno, en la panza puede haber insectos, como mariposas aún en nombre del amor, a mi, no voy a negarlo me genera cierta repulsión, no sé si la náusea, pero al menos algo. Algunos tienen la suerte de elaborar una propia mitología, como por ejemplo construir metáforas conjuntas que se refieran a los dos, y así inaugurar un lugar en la eternidad, un espacio tiempo en el cual el imaginario y la eternidad valen y allí dentro, en su jardín vale todo, vale darse lugar a las cursilerías sin importar a los ojos de, o contra quienes se está en ese momento, vale anidar futuros recuerdos, y sí digo anidar, por aquella sensación de volar, digo anida; <<¿Por qué nido?>> me preguntó un Jazmínvioleta; porque ese todo se vuelve un lecho, un nido y eso es la sensación, el que no importa contra quién, sino que es por uno, por los dos, por lo que se ha podido forjar desde cada uno, nido como casa, como hogar, como alguien que está en tránsito perpetuo, yendo y viniendo, volando y yendo, huyendo y volviendo, siempre de paso, “por qué dicen que me voy si siempre estoy volviendo”, nido, lecho, lecho de cristal, lecho tibio, nido de amor, nido de amar, panal, panal de miel, panal de leche, panal de carne, panal de amor, panal de ardores, panal donde siempre se espera entre otras cosas poder robar un color. Me gusta robar colores incluso a los Fantasmas. Si ya se, ahora me van a decir que los fantasmas no tiene colores, que claro, que cómo mierda vana a tener colores los fantasmas, que son fantasmas y que los fantasmas no tienen color ni colores, son incoloros, porque son invisibles, y así todo antes de terminar de decirlo ya saldrán diciendo que los fantasmas no existen. Bien. Mis Fantasmas, se escriben con mayúscula, sí, F mayúscula, Fantasmas, y como son mis Fantasmas, existen y por lo tanto son coloridos y tienen colores, así lo digo como para empezar…

…Fantasmas, si, Fantasmas, y qué Fantasmas, Fantasmas de una mitología propia, porque si, una mitología es eso, un conjunto de mitos dentro de una cultura común o el estudio de ciertos mitos, y mis Fantasmas, estos Fantasmas, Fantasmas con mayúscula son eso, son parte de mi mitología, Fantasmas; A veces uno se siente parte de un todo y dentro de ese todo hay algunas personas con las que uno siente que se tienen la capacidad de poder elaborar junto con uno determinadas sensaciones y/o sentimientos encontrados que resultarán ser originales o no, (serán originales en tanto y en cuanto cada cual y cada uno y a un momento determinado) porque hay algo que los despierta, algo frente al letargo diario o nocturno que los hace necesarios para y respecto del otro y por eso se los necesita, incluso después se llegará a decir que nada hubiera o hubiese sido posible si ellos…

… y Pedro se levantó del cementerio de libros a medio leer, considerado por muchos, incluso por el mismo, como el mayor desertor de libros de toda su histeria y alrededores. ¿Por qué? Fácil. El juntaba libros para cuando viniese “la mala”. La sensación de terminar la búsqueda de un libro, tras haberlo encontrado era el orgasmo propiamente dicho, mucho más que la lectura victoriosa desde la tapa hasta llegar a la fecha de impresión, la mayoría de las veces en la última página. Las novelas eran su gran deuda. Siempre se autoproclamó poeta, le daba miedo decirse y sentirse escritor, pero ante los ojos de las mujeres, siempre era escritor, ¿Iban a reírse de él si se decía poeta? No, más bien sentía que todavía el nombre le quedaba grande, que lo bueno estaba al caer, siempre a punto de empezar el mejor poema, siempre construyendo para su vida, su propia gran novela, y él, su propio gran poema.

…-Ey! ¿No ves que el invierno está curándote la piel?- suspiré antes de verme frente al espejo. Quería lavarme la cara para saber si todavía estaba vivo. Dudaba de todo lo que pasó dentro del baño.. ¿Creer en los ángeles? ¿Y si los ángeles no fuesen todos como lo de Las alas del deseo? Sensación de oscuridad. A veces pienso en que hay ángeles de colores. Yo soy Pedro. ¿Por qué Pedro? Porque soy Pedro, Pedro Miller. Pedrito Miller. Yo Pedrito Miller finalmente me levanté del cementerio de libros abiertos por la mitad, revueltos siempre a punto de despegar, cercanos a aterrizar, o náufragos en la lectura que sólo duró en impulso de querer hacerlo. Me gusta dejar los libros por la mitad. Me gusta tener los libros en la biblioteca, es cierto, y poder buscarlos en los estantes correspondientes, pero me gusta más quedarme dormido, libro en mano, y dejarlo caer delante de mí, o al costado de la cama, precipicio suicida a un costado de la cama hasta reventarse contra la alfombra o bien alguno de todos los otros especimenes de de cosas que rodean el lugar donde mi cuerpo elige dejar de soñar despierto para parpadear dormido. Es que en cierta medida quedan ahí porque yo pude llegar hasta ahí. Me enamoro más de la búsqueda que del encuentro en sí. Porque entre tantas noches sin terminar, tanta niebla en una densidad inestable finalmente me desperté…

…y con un beso que desarticuló cualquier tipo de abstracción de la cual hubiese podido estar colgado. Es que sí, qué más felicidad que la sorpresa de algo tan epifánico y carnoso que un beso. Y aquí va la foto. Sentados en el sillón simplemente nos mirábamos de reojo, los dos sabíamos nada de todo lo que pasaba estaba mal, al contrario, las manos buscaban tocarse por el simple hecho de poder pasarlo bien. Me agarró la mano con ganas de no soltarme delante de todos, de todos esos que estaban ahí y no encontré a nadie que pudiese estar viéndome, no, nadie. Nadie de todos los que fueron conmigo estaban ahí por suerte, nadie tenía los ojos listos para vernos, y aunque lo hubiesen hecho, no habrían visto nada, nada más que cómo nos dábamos todo, palmo a palmo, hicimos un trato, una promesa, sellamos la palabra que antecede al silencio, jugamos a probar, lo sé, la calma que antecede a la tormenta. –Quiero decirte algo –me dijo sin mirarme, esperando que yo preguntase qué para así verse obligada a levantar la mirada, su mirada perdida, la mirada perdida en esos ojos de lluvia que precisamente hacían todo lo imposible para no verme, estaba tan claro todo, tal vez demasiado claro en un rincón vacío, inundado de humo y calor, decidida a no dejar de hablar y a no venderse en gestos a no ser desbordada por eso que nos tenía sentados a los dos ahí, abrió su mano izquierda para mí, primero en el aire y…

Aquí en nuestro panal.

Tus piernas largas traslucen el camino y yo creo en tu imaginación a orillas de tu habitación, estás descalza. Me lees unos poemas que me escribiste vos y te gustan tanto. Aclaro. Me gusta cuando me lees en voz alta como si fueras masticando y construyendo el cuerpo del poema con los colores de tu voz, como cantando. Bailás cada palabra y das lugar a la lluvia para tocarme la cara y mojarte conmigo en esta pieza de luz a oscuras. Siento tus rodillas caerse con todo tu peso sobre mí...

/y sé que revolcados los dos vamos a derramar la leche buena, piel con piel, mojados los dos en esta pieza de luz a oscuras. Nudo de cuerpos tibios que no dudan en jugar sin importar si dan lugar a la tormenta. Sirven siervos los dos a la fiebre del amor, sin miedo a caer en preguntas que sólo se responden en silencio. Somos dos mitades buscando todo el tiempo una nueva forma, atravesados por el hilo de una historia siempre a punto de estallar, inundándolo todo con fotos y silencios entrecortados por espasmos silenciosos y temblores, y niebla. Noches largas. Largas como casi mil días sin amanecer al sol/

... y entrecortando las palabras del poema contra mis labios encendés un fósforo en la oscuridad para mirarme a los ojos y decirme que soy yo tu talismán, y que querés hacerlo todo otra vez aquí en nuestro panal.

…y ella con total destreza no hizo más que taparme la boca con sus dedo índice de arriba hacia abajo tocándome con la yema de sus dedos sellándome en un silencio instantáneamente eterno en su profanidad y como tal tan atroz que no hizo más que hacerme entender que nada debía ser dicho por mi voz, que hacía rato nada de todo esto debía ser dicho por mí, sino más bien dejarme sorprender por ella… y así empezó a deletrear su nombre en la palma de mi mano izquierda con su pulgar derecho de manera constante, siempre a la misma velocidad, no pude dejar de pensar si acaso no fuera un mantra, si no estaría regalándome algo que quizás más adelante fuese yo a entender y debiera ser tomado como punto de partida, haciéndome para ella en una especie de ritual para conservarme con ella y para ella por siempre, o haber escrito su nombre en mi piel con su propia piel, escondiendo con la yemas de la luz sobre mi piel como trazos de papel en horas previas al amanecer…

…hubiese sido imposible no prometerle nada a Chuva en una situación como esa, qué mierda. –Vení acercate, no tengas miedo que no te voy a comer todavía, quizás te muerda... y si te lo hago te prometo no hacerte doler, no me digas que pensarme sobre vos mordisqueándote no te importa, no te genera nada. Pensalo así- me dijo – ver como los ojos de lluvia se derraman sobre vos mordisqueándote, pasándote la lengua, eso es impagable para cualquier mortal, pero vos… vos podés hacerlo conmigo- ¿Cuándo? Le pregunté con esa velocidad que me caracteriza, no por ser una persona veloz sino porque el cinismo se me escapó de la boca, me estaba tratando de cagón y la verdad que no me gusta que me metan el dedo en el culo…

…Chuva susurró junto a mi boca y me pidió que por favor la rescatase de toda esa mierda en la que sentía que estábamos metidos, que ya era tarde para estar ahí en ese lugar donde las noches nunca terminan porque nunca han tenido tiempo de empezar. Me dijo que no quería más alcoholes por hoy, que para emborracharnos teníamos por delante tiempo y que sentía que era el momento de cumplir un deseo suyo que cargaba consigo hacía mucho tiempo y que al verme a mí por primera vez me imaginó la persona indicada para calmar su sed. –Sacame de acá, por favor en serio, sacame de acá, la noche está muriéndose y no quiero que nosotros perdamos la vida en ella, no hoy, la humedad nos muerde los pies y sube por nuestras piernas. Todavía no ha amanecido pero no faltará mucho. Pedro te lo pido por favor yo sé que querés darme un beso, acostarte conmigo y hacerme acabar hasta que nuestros cuerpos se pulvericen y quedar secos de vida y sexo, pero no hoy, hoy por favor, llevame a desayunar, en serio, no quiero arrepentirme de no haber amanecido con vos, o de amanecer dormidos habiendo empezado juntos la noche anterior, porque yo necesito que me cojas como no me cogieron nunca pero no hoy, por favor– dijo, mientras ya de pie desenredaba su bufanda para enroscármela en el cuello, porque ella supo desde el principio que aunque esté callado, siempre, siempre, estoy buscando mi voz en valles de silencio…

…porque a veces necesito cuadernos, la sensación de poder irme, la sensación de poder irme siempre, la sensación de irme para volver, irme mientras escribo y sin tener en cuenta que estoy pero me voy, ya no estaré donde estaba ni tampoco puedo decir que volveré a dónde alguna vez estuve. ¿Cuántos infinitos vacíos hay en mi historia? Por lo pronto escribiré lo que pueda, anclándome cuando el dolor de cabeza me lleve al otro lado, cuando los enanos intenten raptarme del otro lado del jardín, cuando todas las voces que gritan y se callan al mismo tiempo sé que tendré una cuerda para volver, un cable a tierra, un cable a tierra para bajar de los valles de la luna, para bajar del alunizaje, para bajar de las alucinaciones, para bajar de las alunaciones, para bajar de los enlunamientos, o para bajar de los alunamientos siempre, de tener en mano un bolso, símbolo cliché de quien siempre está recién llegado o a punto de irse, me gusta esa imagen… De un tiempo a esta parte siempre me sentí con ganas de tener algo que me cuelgue, al sensación de no ser de acá ni de ninguna parte, la idea de convertirme en hombre de ningún lugar, de la no pertenencia, fantasma. Fantasía…

…un nombre remite al pasado y ya no estoy buscando eso. La verdad es que no. No estoy buscando eso. He dejado de buscarlo en el preciso momento donde lo encontré. Ya pasó de moda, mudó de forma, forma parte del pasado esa búsqueda. Ya no busco más perfumes, no. Yo buscaba el perfume, si, buscaba el perfume, porque no podía oler los cuerpos, la excitación y el sexo, el solo pensar en poder oler un cuerpo, de oler la esencia del cuerpo me daba miedo, terror, recuerdos de un ángel negro que se volvían presentes. Tener entre mis piernas un cuerpo desnudo arrodillado y yo de pie, como aquella vez. Felipe supo decirme una vez << Mientras la ciudad se derrumba y se pudre, nosotros seguimos cantando, aleteando sobre los vestigios de la poesía cargada de pasión>>, y la verdad, es que cuánta razón tenés…

lunes, diciembre 20, 2010

3 Y ÚLTIMA PARTE

Una mujer camina con la vista perdida, no tiene los ojos con ella porque ella tampoco está ahí, está en otro lado y no ve que la puerta de vidrio está cerrada. Estuvo abierta toda la tarde y toda la noche pero ahora por alguna razón está cerrada y ella no lo sabe, no se da cuenta y no lo ve. Necesita ir al baño, y con suma urgencia no hace más que soltar el peso de su propio cuerpo para entrar de la galería del jardín a la casa. Entra con el impulso de su hombro izquierdo y en ese mismo momento rebota contra el vidrio que no resiste el golpe y las vibraciones del impacto hacen al vidrio estallar por partes. Crujen. Revientan pedazos contra pedazos. Nadie se lastima. Toda la noche hubo gente a los dos lados de la puerta, y esto pudo haber sido una masacre, un acto de justicia, o un simple accidente. En este segundo de tiempo del lado de adentro de la puerta corrediza de marcos blancos hay sólo dos pibes que sentados a un lado de la mesa juegan con una guitarra con cuerdas de nylon. Las cuerdas quedan sonando en ese acorde al aire. Mi menor. La tensión del acorde se mantiene en el tiempo, persiste hasta que la lluvia de esquirlas impone el silencio vacío y frío con los vidrios anclándose en el piso. La mayor parte de los pedazos cae hacia adentro. Nadie se lastima. Ella, la que le puso el hombro a la situación e hizo parar la fiesta para que la explosión del cristal corredizo, tampoco recibió ni un corte. Todos se acercan a la puerta. Uno de los que estaba sentado adentro, el que tenía la guitarra, se acerca al cementerio de vidrios y en cuclillas ayuda a levantar los pedazos grandes para después poder barrer los pequeños y liberar el paso. El acto de levantar la totalidad de lo que supo ser un ventanal tardará unos minutos. Nadie se explica cómo es que pasó. Cómo pudo no haber visto que estaba cerrada. Hay quienes dicen que alguien la empujó. Otros que sostienen que ella lo hizo en descarga al anfitrión y dueño de la casa donde se celebra la fiesta de no-cumpleaños por anticipado. La banda de Lorenzo ya hizo su debut hace un rato. Pero del recital en particular se hablará en otro momento. Nadie se explica como es que toda la efervescencia de la fiesta podría quebrarse de golpe. Cerveza queda cada vez menos. Las manos que ayudan a limpiar son tantas que terminan por pisar los pedazos que no ven y generan más astillas. Hermeto hoy no vino, está preparándose porque viaja a Brasil, a la tierra de Vinicius y Niemayer a una clínica de música, y Felipe estuvo, vino temprano pero ya se fue, el estallido parece que llegó demasiado tarde. Mona está en el está en el jardín, pero entra para ver si todo está bien, si fuera del vidrio, el estruendo y la nulidad de víctimas, en la cocina todo sigue más o menos en su lugar. Al cabo de unos minutos la fiesta sigue como si nada hubiese pasado. La intensidad del calor y el frenesí de haber superado la no-tragedia acelera las bocas sedientas y el alcohol se deshace en lenguas que solo se mojan con la saliva propia o con la ingesta elegida por cada uno para saciar su propia sed. No hay bocas propias en labios ajenos ni lenguas haciendo piruetas entre labios y dientes que podrían desearse. La noche se estira como un globo hecho con chicle que bien puede reventarse pero seguirá siendo chicle y con eso sólo faltaría meterlo en la boca para jugar a recomenzar. La noche sopla una brisa como la del mar cuando está por amanecer y el cambio de temperatura se siente desde adentro del cuerpo. La noche empieza a cerrar los ojos de varios que se rinden al alcohol, al porro, o a la mezcla. La noche bosteza en el frío de Mona que se cubre los hombros con una campera de cuero que no es suya. -De quién es?- pregunta y Shannon desde atrás, cuidándole la espalda y acomodándole la caída de las mangas por los hombros le responde -Es mía y ponétela que hace frío y te aviso mujer que no pienso aceptar un no como respuesta-. La galería da a un jardín largo de unos 20 metros más o menos. El pasto está alto con manchas amarillas, como si esos pedazos de pasto estuviesen quemados con algo. La música suena bien, suena fuerte. Y pensar que sale de una computadora portátil. Lo que pasa es que pasa por una potencia y sale por unas buenas cajas. La música se va eligiendo de a ratos de acuerdo a quién se aposte en la mesa donde está la pc. Quedan cada vez menos cuerpos en la fiesta. Varios se fueron, otros están apostados ya en sus respectivos pero improvisados lugares listos para pasar la noche. Mona está de pie hablando con alguien hasta que de pronto lo ve a Shannon eligiendo canciones para pasar el tiempo. Se acerca a él y casi como con miedo a equivocarse el nombre o pensar que estaría llamándolo con un nombre de mujer, en lugar de afirmar el nombre le pregunta:-Shannon?- y él responde: -Si soy yo, mucho gusto. Vos debés ser... No me digas, dejame adivinar. Vos tenés cara de Mona-. Mona no lo puede creer. Ella fue a asegurar el nombre de él y éste termino por adivinar su nombre. Jamás se sintió cómoda con su nombre. Mona, la hembra del mono, pensó desde chica casi como un Karma. -¿Quiere decir algo tu nombre?¿Significa algo? ¿O es simplemente que suena así y nada más?- pregunta Mona esquivando la mirada. Esa mirada profunda y triste de pupilas marrones oscuros con trazos finos y delicados, rasgos arabescos y ojos con forma de mujer. Y es Shannon con esa diáfana mirada quien se posa delante de la mirada de Mona y abrazándola y sin pestañear le dice- es un anglicismo gaélico que quiere decir "chiquito pero sabio". Mona estaba casi convencida de que Shannon era (y todavía sostiene) es nombre de mujer. Ya no queda nadie y las canciones que suenan parecen durar cada vez menos. El cielo matiza pasteles puros y profundos marcados por la mano pintora del sol. La luna casi llena dice que hoy no piensa dejarle el escenario vacío al sol, que hasta que Mona y Shannon no se vayan a dormir ella piensa quedarse firme. Mona se acerca a la pc y elige una canción. -Quiero escuchar Tangerine- piensa en voz alta y escribe en el teclado el nombre del tema para ver si está en el reproductor. Tipea: M-a-n-d-e-r-i-n-e. Aprieta ENTER. Resultados: 0. -Shannon-dice ella- cómo hago para poner música. Estoy poniendo una de Zeppelin que yo estoy segura que tiene que estar pero acá dice que no está-. Él se acerca con una silla que apoya frente a la computadora y mirando al sur, a la pared de la casa, a un costado de la mesa y a la izquierda de donde hasta hace un rato tocó la banda de Lorenzo. -Sentante Mona- y le acerca la silla. Ella se sienta y se relaja. Señala con la mano derecha que la computadora dice que la canción no existe, que el resultado de la búsqueda es cero elementos encontrados. Shannon arrima otra silla al lado de ella, se sienta y lee: "M-a-n-d-e-r-i-n-e" -Estira las manos sobre el teclado y escribe. Mueve el mouse con la mano derecha y la canción suena. -Ves- dice ella- no podía no estar esta canción además me gusta mucho. Es tan necesaria para mí. Mirá el cielo está naranja como una mandarina-. Shannon no dice nada y se cruza de piernas. Él sentado a la izquierda y Mona sentada a derecha. La mañana tiñe lo que queda de la noche. Los vasos vacíos, los vasos llenos. Las botellas secas de malta. Afuera de la casa ya no hay nadie más que ellos. Adentro los que se quedaron duermen. Hay dos en los sillones, uno en un individual que sueña sentado y el otro acostado en un familiar tapado con almohadones. Después en las piezas las camas se comparten. Hombres y mujeres en las piezas, en las mismas camas. Nadie coge, nadie habla, todos duermen. Todos se quedaron a dormir y todos duermen. Los pájaros cantan afuera en el jardín soplan el significado del bebop. Shannon sigue musicalizando con Zeppelin y Mona escucha. Hablan acerca de por qué las estatuas de los museos no pueden tocarse. Shannon dice que si bien deberían poder tocarse, en algún punto no se las toca para poder preservarlas. Mona dice que eso tendría validez si acaso no se pudiesen tocar en ningún museo. -Mi tía Anna siempre cuenta que cuando estudiaba se iba al Museo de Quinquela y acariciaba las esculturas. Dice que podía dibujarlas y moldear las líneas de los cuerpos y las formas con los ojos cerrados. Se las sabía de memoria con los ojos abiertos pero aún así con los ojos cerrados jugaba a tocarlas y redescubrirlas una y otra vez.- Shannon mira a Mona de reojo se saca las sandalias sale a caminar descalzo por el pasto.-¿Ey! qué hacés? Ojo que hay vidrios sueltos por todos lados-dice ella- ojo que te podés lastimar. Él camina por el pasto. Se arremanga el pantalón con dobladillos hasta por debajo de las rodillas. Camina despacio. Con pasos cortos. Un pie por delante del otro casi en línea recta. Hace equilibrio con los brazos para no caerse. Mona se gira la cabeza, todavía sentada en la silla, para verlo. Está sumido en su experiencia. Shannon llega hasta el final del jardín, gira sobre si mismo y sigue la misma linea pero que lo llevó hasta allá pero ahora al revés. Tiene la mirada en diagonal hacia abajo. No saca los ojos de sus propios pies Sonríe y camina. Camina de un lado a otro. Mona lo llama pero nota que no responde. Shannon camina como un robot de una lado para otro murmurando en voz baja, está ido. Mona se acerca a él lentamente. Le habla. Le hace gestos. De fondo suena The Rain Song, una versión en vivo de 1975. Mona se para en el recorrido de Shannon y éste se detiene. Ella lo mira a los ojos y él no responde. Ella se acerca al punto de tocarse enfrentados. Ella pisa los pies de él. Lo abraza rodeándolo con sus brazos. Panza con panza. Ella apoya sus tetas, insomnes ya en el pecho de él y aprieta su nariz con la de él. Le sopla los labios pero Shannon no responde. Mona le masajea la espalda dibujando cada vértebra. Empieza por la cadera y sube hasta llegar a la nuca. Shannon se eriza, como si la sangre de su cuerpo estuviese volviendo a circular después de haberse quedado quieta. Los ojos de Shannon vuelven a la vida y ven el escote de Mona. Shannon parpadea y Mona le pasa la lengua por los labios, le regala su beso. Shannon parpadea y levanta los ojos. Shannon se ve en los ojos de Mona que también se ve en los ojos de él. Un beso eterno en el velo del amor. Un beso de esos en los que no pestañean y no dejan de verse, el uno en el otro, cada uno necesita estar lo más cerca que puede del otro. Mona estira las manos perdidas en la cabeza de él y Shannon dice-No me sueltes, por favor no me sueltes, recién estoy volviendo-. Mona se ríe y lo abraza muy fuerte. -Víctima- dice ella,- siempre te gusta jugar a ser víctima. Aquí, allá y en todas partes siempre te gustar jugar a ser víctima. Si te suelto yo sé que te vas a caer y por eso no puedo soltarte. Porque no sé si de verdad estás hablándome en serio, si estás jugando, si estás actuando, si estás usándome a mí y usándote a vos para escribir una historia. No sé- Shannon respira hondo y mueve su cuello de derecha a izquierda haciéndolo sonar y sin pensar dispara -Ya lo dijo Jude Quinn, "el sexo y el amor son dos cosas que inhiben al ser humano"-Mona cruza el brazo derecho de Shannon alrededor de su cintura y aprieta sus teta izquierda con la mano izquierda de él. Le desabrocha el pantalón y mete su mano derecha dentro. Le toca la pija con la palma de la mano refregándola desde abajo hacia arriba por encima del calzón hasta que se pone dura y entonces por entre la ranura del boxer ella le acaricia la carne. Shannon repite -Ya lo dijo Jude Quinn, "el sexo y el amor son dos cosas que inhiben al ser humano"- Mona responde-El sexo está claro que no. Ahora, y el amor... del amor puede decirse que cambia tu sangre. Fijate cómo cambiará tu sangre que así estás ahora, al palo sonriente mirándome de cerca. Hasta hace un rato estabas semi-muerto caminando solo, perdido-. Shannon la suelta y le saca la remera que deja caer al suelo. Sigue con la mano dentro del pantalón tocando la carne de él, la sacude, la acaricia, despacio lento. El se desabrocha la camisa y pierde el equilibrio cayéndose hacia atrás. Mona cae encima de él sin siquiera soltarlo. El sol se cuela por entre las hojas de los árboles del jardín y mientras casi todos duermen Shannon y Mona se sueltan al impúdico y salvaje juego de hablar con los cuerpos. De todas formas no pueden, no saben quedarse callados. Hablan. Hablan con palabras cortas. Hablan con onomatopeyas. Hablan demasiado rápido, o demasiado lento. Ah!!!!!, Sí. Despacio. AAAaaaaah!, Avisame. Se dice cosas así. Son más o menos esas palabras. Se chupan el uno al otro con fuerza, se marcan la espalda con al fricción de los cuerpos en el pasto. -Mona, me pica la espalda. ¿Qué preferís rascármela o darnos vuelta?- Mona lo con los ojos cerrados y los dientes apretados bajito-Ya te la estoy rascando y no tengo pensado dejar de hacerlo hasta llenarme las manos de miel- y gira con el peso de su propio cuerpo por sobre el de él haciéndose a un lado para que Shannon pase a la posición de arriba y una vez el acomodándose, ella aprovecha y mete sus dos manos dentro del pantalón. El sol asoma sus primeros rayos por la copa de los árboles. Los pájaros soplan Años de soledad de Piazzolla y Mulligan grabado en 1974. Lorenzo mientras tanto duerme. Duerme en una pieza con su mujer y un ángel rubio. Duermen juntos los tres en un cuarto. El chico de la guitarra de Nylon también duerme acostado en el piso de la casa sobre un almohadón. Hace calor pero el está tapado. Las moscas parecen volverlo loco. Dicen los que saben que aún en días de mucho calor necesita dormirse tapado para destaparse en el sueño. El dueño de la casa cayó rendido hace rato y está acostado en otro cuarto compartiendo la cama abierta y grande, que como está tan a oscuras no podría decir si las sábanas son o no rojas, aunque como se sabe, la mayoría de los casos las camas grandes siempre tiene sábanas rojas. En esa misma cama está Ariadna, que se fue a acostar ni bien ella y el chico de las cuerdas de Nylon decidieron dejar solos a Mona y a Shannon, a la deriva de la libertad en el jardín, a orillas del amanecer. Se sabe que ante los ojos del resto, siempre se necesita de la libre privacidad. Ariadna duerme entre la cama y el sueño. En realidad duerme entre el colchón y el suelo ya que no hay cama propiamente dicha. El colchón es grande, pero como fue la última en llegar al cuarto, los cuerpos ya habían elegido de qué manera acostarse, quien con quien, entre quien y al lado de quien, y a ella le quedó un huequito, ahí al borde del colchón. Ahí está ella, sigue girando Ariadna sobre si misma intentando encontrar su huequito en el aire, en la cama, en el colchón, pero no puede dormir. No consigue conciliar el sueño. Saber que ya es de día, pero no para ella porque todavía no pudo cerrar los ojos, aún el día anterior no terminó. Ariadna se levanta y va al baño. Camina en la oscuridad y pisa un par de piernas, pero no le importa, se tropieza y sigue adelante. Abre la puerta y la deja entre abierta. Sale del cuarto y gira a la derecha. La puerta del baño está cerrada y por debajo de la puerta se ve la luz. Hay alguien dentro. Alguien que tose, llora y se queja. Se escucha el quejido, el vomitar de una mujer tras la puerta. Ariadna se sienta en el escalón y espera que se libere el baño. Apoya la espalda en el marco de la pared y se sumerge en el sueño. Se duerme y dormida rueda en el piso. Gira en el parquet y rueda, vaya a saber uno qué sueña. Se abre la puerta del baño y Ariadna se despierta. Sale una mujer con la cara totalmente blanca, pálida, como perdida, parece que ha vomitado todo, su color, hasta la vida, está perdida, y camina rumbo al cuarto otra vez, donde cae redonda en el colchón. Ariadna se levanta y camina hacia al baño, se lava las manos y la cara, se apoya en lavamanos y mientras se mira al espejo se peina. El flequillo está cada vez más largo pero así y todo lo acomoda, cruza el flequillo de un lado a otro y una vez acomodado se sienta en el inodoro y hundida en el silencio del baño escucha murmullos. Apaga la luz del baño para no ahuyentar a los amantes que se revuelcan en el jardín. Se para acercándose a la ventana y escucha que hay voces en el jardín. No llega a poder espiar por la ventana que está alta, y entonces piensa cómo llegar hasta ahí para saber quiénes son. Piensa en salir del baño e ir directo al jardín, pero rápidamente entiende que eso sería violar la privacidad de quienes piensan que están solos. Mientras tanto el lugar donde están los sillones se llena de moscas. El chico de las cuerdas de Nylon se despierta, después de moverse dormido un buen rato para espantar las moscas. No lo logra. Abre los ojos. Ve que no hay nadie despierto. Mira a su izquierda y hay dos tipos durmiendo en los sillones. Uno duerme sentado con la cabeza colgando del respaldo y los pies levantados en la mesa ratona y el otro acostado en un sillón de dos cuerpos cubierto de almohadones para que las moscas y mosquitos no lo despierten. El chico de las cuerdas de Nylon se levanta y encara hacia el baño. Al ver que la puerta está cerrada pero que no hay luces por debajo de la puerta, simplemente golpea. Toc. Toc. Dos golpes. Nadie contesta y entonces entra. El chico de las cuerdas de Nylon y ahí la ve a Ariadna con los ojos cerrados sentada a los pies de la ventana. El chico entra despacio, y no prende la luz para no despertarla, cierra la puerta. Se acerca en silencio, contiene su respiración y en puntas de pie se acerca para verla, para olearla, para mirarla de cerca. Camina sobre el filo del deseo con la respiración contenida y casi que no resiste más y ella sigue ahí dormida acurrucada en el rincón a los pies de la ventana dormida apoyada contra la pared abrazando sus piernas recogidas. Afuera, Shannon y Mona ya le vieron la cara a Dios, le tocaron el culo al diablo y ahora están velando todos sus deseos al sol. Adentro duermen en todos lados menos en el baño. Ariadna acurrucada en el rincón juega a la quietud para ver hasta dónde es capaz de acercársele el chico de las cuerdas de Nylon. El chico sigue ahí, se acerca cada vez más a ella, le busca la cara con la suya, contiene la respiración, no sabe cuánto más aguantará sin respirar pero no le importa, todo sea por este sacrificio, por poder verla de cerca por sentir su aire, porque ella le respire en su nariz. Ella respira simulándose dormida, no se ríe, está quieta. El se acerca cada vez más hasta que se sienta de frente. Él abre las piernas alrededor de ella formando una especie de semicírculo. Ella gime dormida, respira suave. Estira las piernas y los brazos como si fuera a levantarse, pero simplemente se reubica en su rincón y se acurruca nuevamente. En ese torbellino de movimientos que simulan ser dormidos ella lo roza sin tocarlo y él, anhela ser acariciado, pero eso no pasa. Él, el chico de las cuerdas de Nylon se da cuenta que estar sentado así es una tentación, un rendición, un sacrificio. Rápidamente se da cuenta que ahí no puede verla como quiere y se hace lugar al lado de ella. Se sienta a 26 centímetros de ella. Se cuelan los primeros rayos de sol por la ventana que los corona y golpea contra el espejo que los devuelve en la sonrisa de ella y él lo toma como una señal. Despega su cola de la pared y arquea la espada para dejar margen a su cadera. Apoya la espalda contra la pared y se deja caer lentamente sobre Ariadna como un cuerpo rendido al peso muerto. Se cae lentamente sobre el hombro de ella que lo mira a los ojos, acaricia su nariz con la de ella,- Pedro- susurra, él, ella estira el brazo derecho, se agarra de la canilla para levantase pero la gira y de la ducha caen chorros de agua caliente que mojan sus cuerpos, que se resbalan y una vez los dos acostados en el piso se miran a los ojos y labio contra labio susurran, -Mucho gusto mi nombre es Pedro- y ella casi sin dejarlo respirar le dice, -Lo sé, mi nombre es Ariadna, pero hay algunas otras noches en las que me dicen Chuva-.

viernes, diciembre 10, 2010

Tú, boca

Bailo el vals de las fotos matizadas, fotos blanco y negro:
La mesa habla sobre la canción y las tazas.
Una foto una conversación.
Doy el último sorbo y apoyo la taza con la mano derecha en el plato.
Levanto la cabeza y ahí estás vos.
Te miro a los ojos. Te veo.
El pelo, siempre descontrolado.
Tu nariz todavía tiene crema.
Y así bajo hasta tu boca.

Siempre veo tu boca:
Me gusta tu boca.
Me gusta la forma de tus labios.
El foco de las fotos se pierde ahí
en tu carne,
no hace falta que mires a la cámara
no hace falta ya tampoco que sonrías si no querés.
Dije y digo que me gusta tu boca.

Me pienso cayendo sobre vos y dudo:
Dudo si morderte la boca.
Dudo si abrirla con mi boca hasta fundir las dos bocas en un mismo mar.
Dudo si cerrar los ojos a medida que me acerco a tu carne.
Dudo si tocarte la boca con la yema de mis dedos para dibujarte y sentir
cómo la boca tuya dibuja mis dedos y me carga de sentido a mí.

Me unen a vos tus labios:
Tus labios materia
Tus labios forma.
Tus labios sustancia.

Y tu cuerpo todo:
Me vuelvo susceptible a tu boca y sé que detrás de todas las palabras estás vos
Cuerpo de flores y miel abierta y hambrienta
Cuerpo de amor y de pecas
pero tu boca en mí es algo más,
tu boca hecha para mí es algo más que un desliz.

Quiero morderte y tengo mis razones:
Tu boca me llama lentamente
me dice que ya la conozco
que no quiere morderme
que soñó alguna vez con probarme.


El jugo de tu boca, de tu pulpa:
Pulpa.
Me gusta el jugo de tu boca cuando bosteza
porque el labio de arriba se vuelve sólo una línea
una línea que se pierde con abrís la boca
en el bostezo propiamente dicho
y el labio inferior es tan carnoso.
Me gusta verla.
Me gusta tu boca y no necesito más.
No te pido mucho más de vos sólo quiero tu boca.
Sólo quiero que me des tu boca para sentirla cerca.
Quiero sentir tu boca sobre la mía.
Quiero sentir tu boca contra la mía.
Quiero sentir tu boca con la mía.
Quiero que tu respiración asfixie mi boca.
Quiero que mi boca ventile a la tuya convidándote mi aire.

Elijo tus labios porque siento que me hacen menos solo:
Labios rojos. Labios tuyos.
Labios rosas. Labios carne.
Labios dulces. Labios mar.
Labios crema. Labios míos.
Labios terciopelo. Labios tiempo.
Labios calor. Labios color.
Labios flores. Labios memoria.
Labios dibujados. Labios fuego.
Labios intermitentes. Labios viento.

Siempre veo tu boca:
Me gusta tu boca.
M gusta la forma
Me gustan tus labios y estoy dispuesto a dar la vida por ellos.
Después de todo qué más me hará un poco más de desvelo e insomnio
si voy a llevarme la carne del sueño.