viernes, junio 03, 2011

aqui lo que faltaba Mr... Golem Gutierrez, una vez leído esto, desaparecerá esta irrupción literaria otra vez hasta nuevo aviso

Entró a escena desde la pared, todavía puedo verla. Chuva cruza delante de mí entre las sombras del bar, de izquierda a derecha y la sala a orillas del escenario iluminado por luces amarillas que le dan de frente en la cara, no puedo verle los ojos, porque se toca la cara descorriéndose el pelo que le tapa los ojos y no la deja mirar. Acomoda el flequillo con el dedo índice de su mano derecha. Ella no puede verme y yo sólo veo la forma de su cuerpo como una sombra en el espacio que desde mi mesa es más que voluptuosa y sensual, más que un cuerpo de mujer dibujado en trazos gruesos con finura y delicadeza, más que un cuerpo que salido de la pared. Al caminar inventa su forma de andar, sus piernas cada vez más largas buscan quién sabe qué o a quién. Así estaba yo, sentado a la derecha de un salón vacío en su inmensa oscuridad. Pero es que si, siempre pasa cuando uno llega un rato antes a ciertos lugares, quizás por angustia oral, por querer estar a tiempo, o por miedo a llegar tarde, que finalmente se llega hasta demasiado antes, y ahí se ve el lugar, vacío y desnudo, como si en esos momentos uno se diese cuenta que todo se arma y se desarma, todo se construye, como en los estudios de televisión, en los libros impresos en papel de fotografía, y también en la vida misma…

…léase, quizás mal y pronto el amor, el amor lleno, ese que hasta puede tener mariposas en la panza, porque sí, las larvas finalmente se terminan la transformación y ya no más como orugas han cambiado y deciden finalmente salir a volar, y eso es lo que hay, lo que se siente, cosquillas, cosquilleo en la panza, aleteos de mariposas; alguien dijo una vez algo sobre las mariposas y la teoría del caos, el aleteo de una mariposa puede generar un tsunami al otro lado de la tierra, bien dicho, en este caso es dentro del cuerpo de uno, el cuerpo de uno también se transforma, de deforma, en un amor amorfo y anacrónico, amor libre de todo interés, y es en esta zaga de experiencias y experimentaciones que uno empieza a elaborar una propia mitología; Pensar también en que dentro de uno, en la panza puede haber insectos, como mariposas aún en nombre del amor, a mi, no voy a negarlo me genera cierta repulsión, no sé si la náusea, pero al menos algo. Algunos tienen la suerte de elaborar una propia mitología, como por ejemplo construir metáforas conjuntas que se refieran a los dos, y así inaugurar un lugar en la eternidad, un espacio tiempo en el cual el imaginario y la eternidad valen y allí dentro, en su jardín vale todo, vale darse lugar a las cursilerías sin importar a los ojos de, o contra quienes se está en ese momento, vale anidar futuros recuerdos, y sí digo anidar, por aquella sensación de volar, digo anida; <<¿Por qué nido?>> me preguntó un Jazmínvioleta; porque ese todo se vuelve un lecho, un nido y eso es la sensación, el que no importa contra quién, sino que es por uno, por los dos, por lo que se ha podido forjar desde cada uno, nido como casa, como hogar, como alguien que está en tránsito perpetuo, yendo y viniendo, volando y yendo, huyendo y volviendo, siempre de paso, “por qué dicen que me voy si siempre estoy volviendo”, nido, lecho, lecho de cristal, lecho tibio, nido de amor, nido de amar, panal, panal de miel, panal de leche, panal de carne, panal de amor, panal de ardores, panal donde siempre se espera entre otras cosas poder robar un color. Me gusta robar colores incluso a los Fantasmas. Si ya se, ahora me van a decir que los fantasmas no tiene colores, que claro, que cómo mierda vana a tener colores los fantasmas, que son fantasmas y que los fantasmas no tienen color ni colores, son incoloros, porque son invisibles, y así todo antes de terminar de decirlo ya saldrán diciendo que los fantasmas no existen. Bien. Mis Fantasmas, se escriben con mayúscula, sí, F mayúscula, Fantasmas, y como son mis Fantasmas, existen y por lo tanto son coloridos y tienen colores, así lo digo como para empezar…

…Fantasmas, si, Fantasmas, y qué Fantasmas, Fantasmas de una mitología propia, porque si, una mitología es eso, un conjunto de mitos dentro de una cultura común o el estudio de ciertos mitos, y mis Fantasmas, estos Fantasmas, Fantasmas con mayúscula son eso, son parte de mi mitología, Fantasmas; A veces uno se siente parte de un todo y dentro de ese todo hay algunas personas con las que uno siente que se tienen la capacidad de poder elaborar junto con uno determinadas sensaciones y/o sentimientos encontrados que resultarán ser originales o no, (serán originales en tanto y en cuanto cada cual y cada uno y a un momento determinado) porque hay algo que los despierta, algo frente al letargo diario o nocturno que los hace necesarios para y respecto del otro y por eso se los necesita, incluso después se llegará a decir que nada hubiera o hubiese sido posible si ellos…

… y Pedro se levantó del cementerio de libros a medio leer, considerado por muchos, incluso por el mismo, como el mayor desertor de libros de toda su histeria y alrededores. ¿Por qué? Fácil. El juntaba libros para cuando viniese “la mala”. La sensación de terminar la búsqueda de un libro, tras haberlo encontrado era el orgasmo propiamente dicho, mucho más que la lectura victoriosa desde la tapa hasta llegar a la fecha de impresión, la mayoría de las veces en la última página. Las novelas eran su gran deuda. Siempre se autoproclamó poeta, le daba miedo decirse y sentirse escritor, pero ante los ojos de las mujeres, siempre era escritor, ¿Iban a reírse de él si se decía poeta? No, más bien sentía que todavía el nombre le quedaba grande, que lo bueno estaba al caer, siempre a punto de empezar el mejor poema, siempre construyendo para su vida, su propia gran novela, y él, su propio gran poema.

…-Ey! ¿No ves que el invierno está curándote la piel?- suspiré antes de verme frente al espejo. Quería lavarme la cara para saber si todavía estaba vivo. Dudaba de todo lo que pasó dentro del baño.. ¿Creer en los ángeles? ¿Y si los ángeles no fuesen todos como lo de Las alas del deseo? Sensación de oscuridad. A veces pienso en que hay ángeles de colores. Yo soy Pedro. ¿Por qué Pedro? Porque soy Pedro, Pedro Miller. Pedrito Miller. Yo Pedrito Miller finalmente me levanté del cementerio de libros abiertos por la mitad, revueltos siempre a punto de despegar, cercanos a aterrizar, o náufragos en la lectura que sólo duró en impulso de querer hacerlo. Me gusta dejar los libros por la mitad. Me gusta tener los libros en la biblioteca, es cierto, y poder buscarlos en los estantes correspondientes, pero me gusta más quedarme dormido, libro en mano, y dejarlo caer delante de mí, o al costado de la cama, precipicio suicida a un costado de la cama hasta reventarse contra la alfombra o bien alguno de todos los otros especimenes de de cosas que rodean el lugar donde mi cuerpo elige dejar de soñar despierto para parpadear dormido. Es que en cierta medida quedan ahí porque yo pude llegar hasta ahí. Me enamoro más de la búsqueda que del encuentro en sí. Porque entre tantas noches sin terminar, tanta niebla en una densidad inestable finalmente me desperté…

…y con un beso que desarticuló cualquier tipo de abstracción de la cual hubiese podido estar colgado. Es que sí, qué más felicidad que la sorpresa de algo tan epifánico y carnoso que un beso. Y aquí va la foto. Sentados en el sillón simplemente nos mirábamos de reojo, los dos sabíamos nada de todo lo que pasaba estaba mal, al contrario, las manos buscaban tocarse por el simple hecho de poder pasarlo bien. Me agarró la mano con ganas de no soltarme delante de todos, de todos esos que estaban ahí y no encontré a nadie que pudiese estar viéndome, no, nadie. Nadie de todos los que fueron conmigo estaban ahí por suerte, nadie tenía los ojos listos para vernos, y aunque lo hubiesen hecho, no habrían visto nada, nada más que cómo nos dábamos todo, palmo a palmo, hicimos un trato, una promesa, sellamos la palabra que antecede al silencio, jugamos a probar, lo sé, la calma que antecede a la tormenta. –Quiero decirte algo –me dijo sin mirarme, esperando que yo preguntase qué para así verse obligada a levantar la mirada, su mirada perdida, la mirada perdida en esos ojos de lluvia que precisamente hacían todo lo imposible para no verme, estaba tan claro todo, tal vez demasiado claro en un rincón vacío, inundado de humo y calor, decidida a no dejar de hablar y a no venderse en gestos a no ser desbordada por eso que nos tenía sentados a los dos ahí, abrió su mano izquierda para mí, primero en el aire y…

Aquí en nuestro panal.

Tus piernas largas traslucen el camino y yo creo en tu imaginación a orillas de tu habitación, estás descalza. Me lees unos poemas que me escribiste vos y te gustan tanto. Aclaro. Me gusta cuando me lees en voz alta como si fueras masticando y construyendo el cuerpo del poema con los colores de tu voz, como cantando. Bailás cada palabra y das lugar a la lluvia para tocarme la cara y mojarte conmigo en esta pieza de luz a oscuras. Siento tus rodillas caerse con todo tu peso sobre mí...

/y sé que revolcados los dos vamos a derramar la leche buena, piel con piel, mojados los dos en esta pieza de luz a oscuras. Nudo de cuerpos tibios que no dudan en jugar sin importar si dan lugar a la tormenta. Sirven siervos los dos a la fiebre del amor, sin miedo a caer en preguntas que sólo se responden en silencio. Somos dos mitades buscando todo el tiempo una nueva forma, atravesados por el hilo de una historia siempre a punto de estallar, inundándolo todo con fotos y silencios entrecortados por espasmos silenciosos y temblores, y niebla. Noches largas. Largas como casi mil días sin amanecer al sol/

... y entrecortando las palabras del poema contra mis labios encendés un fósforo en la oscuridad para mirarme a los ojos y decirme que soy yo tu talismán, y que querés hacerlo todo otra vez aquí en nuestro panal.

…y ella con total destreza no hizo más que taparme la boca con sus dedo índice de arriba hacia abajo tocándome con la yema de sus dedos sellándome en un silencio instantáneamente eterno en su profanidad y como tal tan atroz que no hizo más que hacerme entender que nada debía ser dicho por mi voz, que hacía rato nada de todo esto debía ser dicho por mí, sino más bien dejarme sorprender por ella… y así empezó a deletrear su nombre en la palma de mi mano izquierda con su pulgar derecho de manera constante, siempre a la misma velocidad, no pude dejar de pensar si acaso no fuera un mantra, si no estaría regalándome algo que quizás más adelante fuese yo a entender y debiera ser tomado como punto de partida, haciéndome para ella en una especie de ritual para conservarme con ella y para ella por siempre, o haber escrito su nombre en mi piel con su propia piel, escondiendo con la yemas de la luz sobre mi piel como trazos de papel en horas previas al amanecer…

…hubiese sido imposible no prometerle nada a Chuva en una situación como esa, qué mierda. –Vení acercate, no tengas miedo que no te voy a comer todavía, quizás te muerda... y si te lo hago te prometo no hacerte doler, no me digas que pensarme sobre vos mordisqueándote no te importa, no te genera nada. Pensalo así- me dijo – ver como los ojos de lluvia se derraman sobre vos mordisqueándote, pasándote la lengua, eso es impagable para cualquier mortal, pero vos… vos podés hacerlo conmigo- ¿Cuándo? Le pregunté con esa velocidad que me caracteriza, no por ser una persona veloz sino porque el cinismo se me escapó de la boca, me estaba tratando de cagón y la verdad que no me gusta que me metan el dedo en el culo…

…Chuva susurró junto a mi boca y me pidió que por favor la rescatase de toda esa mierda en la que sentía que estábamos metidos, que ya era tarde para estar ahí en ese lugar donde las noches nunca terminan porque nunca han tenido tiempo de empezar. Me dijo que no quería más alcoholes por hoy, que para emborracharnos teníamos por delante tiempo y que sentía que era el momento de cumplir un deseo suyo que cargaba consigo hacía mucho tiempo y que al verme a mí por primera vez me imaginó la persona indicada para calmar su sed. –Sacame de acá, por favor en serio, sacame de acá, la noche está muriéndose y no quiero que nosotros perdamos la vida en ella, no hoy, la humedad nos muerde los pies y sube por nuestras piernas. Todavía no ha amanecido pero no faltará mucho. Pedro te lo pido por favor yo sé que querés darme un beso, acostarte conmigo y hacerme acabar hasta que nuestros cuerpos se pulvericen y quedar secos de vida y sexo, pero no hoy, hoy por favor, llevame a desayunar, en serio, no quiero arrepentirme de no haber amanecido con vos, o de amanecer dormidos habiendo empezado juntos la noche anterior, porque yo necesito que me cojas como no me cogieron nunca pero no hoy, por favor– dijo, mientras ya de pie desenredaba su bufanda para enroscármela en el cuello, porque ella supo desde el principio que aunque esté callado, siempre, siempre, estoy buscando mi voz en valles de silencio…

…porque a veces necesito cuadernos, la sensación de poder irme, la sensación de poder irme siempre, la sensación de irme para volver, irme mientras escribo y sin tener en cuenta que estoy pero me voy, ya no estaré donde estaba ni tampoco puedo decir que volveré a dónde alguna vez estuve. ¿Cuántos infinitos vacíos hay en mi historia? Por lo pronto escribiré lo que pueda, anclándome cuando el dolor de cabeza me lleve al otro lado, cuando los enanos intenten raptarme del otro lado del jardín, cuando todas las voces que gritan y se callan al mismo tiempo sé que tendré una cuerda para volver, un cable a tierra, un cable a tierra para bajar de los valles de la luna, para bajar del alunizaje, para bajar de las alucinaciones, para bajar de las alunaciones, para bajar de los enlunamientos, o para bajar de los alunamientos siempre, de tener en mano un bolso, símbolo cliché de quien siempre está recién llegado o a punto de irse, me gusta esa imagen… De un tiempo a esta parte siempre me sentí con ganas de tener algo que me cuelgue, al sensación de no ser de acá ni de ninguna parte, la idea de convertirme en hombre de ningún lugar, de la no pertenencia, fantasma. Fantasía…

…un nombre remite al pasado y ya no estoy buscando eso. La verdad es que no. No estoy buscando eso. He dejado de buscarlo en el preciso momento donde lo encontré. Ya pasó de moda, mudó de forma, forma parte del pasado esa búsqueda. Ya no busco más perfumes, no. Yo buscaba el perfume, si, buscaba el perfume, porque no podía oler los cuerpos, la excitación y el sexo, el solo pensar en poder oler un cuerpo, de oler la esencia del cuerpo me daba miedo, terror, recuerdos de un ángel negro que se volvían presentes. Tener entre mis piernas un cuerpo desnudo arrodillado y yo de pie, como aquella vez. Felipe supo decirme una vez << Mientras la ciudad se derrumba y se pudre, nosotros seguimos cantando, aleteando sobre los vestigios de la poesía cargada de pasión>>, y la verdad, es que cuánta razón tenés…

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